Son las reinas del rock. Y no porque les haya adjudicado el título alguna revista de tendencias. O porque deslumbren en alfombras rojas con sus looks o cuerpazos trabajados en gimnasio o quirófano. Aunque, para qué nos vamos a engañar, muchas destacan también en el terreno más puramente carnal para cualquiera con un poco de testosterona en el organismo. No es culpa mía, la biología me hizo así...
 
Pero si son reinas, diosas o auténticas leyendas del rock y la guitarra es por méritos propios: por cómo se desenvuelven con el mástil (qué difícil va a ser que este artículo no esté lleno de dobles sentidos, aunque sean involuntarios...), por cómo dominan un escenario, por cómo hacen gritar y rugir a sus instrumentos (¿lo veis?) y por la cantidad de temazos guitarreros que nos han dejado para la posteridad. Y, en fin, sí, da la casualidad de que tienen tetas y un cromosoma de diferencia con el 90% de los humanos que vivimos por y para la seis cuerdas. Así que aquí va nuestro top de guitarristas en femenino:
 
Mary Ford
A lo mejor por “Mary Ford” a secas no te viene demasiado a la mente, pero si le pones al lado el nombre de su marido, “Mary Ford & Les Paul”, igual empieza a sonarte la cosa. Sí, Mary Ford, cantante y guitarrista, copó las listas de éxitos en los 50 junto a la leyenda por antonomasia de la guitarra. Tuvieron su propio programa de televisión (ya, eh, programas de televisión... ¡de guitarristas!), en el que interpretaban varios temas en cada emisión, y grabaron sin parar hasta que se divorciaron en 1964.
 
Nancy Wilson
Dos palabras: Heart y Barracuda. Con esto seguramente basta, y sobra, para entender porque Nancy Wilson (no confundir con la otra Nancy Wilson, bastante mayor y cantante) está en esta lista. Nancy fue, junto a su hermana Ann, vocalista, el auténtico “corazón” de la banda Heart, de la que Barracuda es seguramente su tema más conocido. De hecho, ambas pusieron a la formación en marcha de nuevo hace unos pocos años tras un largo período de altibajos. Aquí las vemos defender Barracuda, Les Paul en mano... las de Nancy, claro.
 

Bonnie Raitt
Los menos avispados que se hayan topado alguna vez pululando por Youtube con el concierto homenaje a Stevie Ray Vaughan que se celebró en Austin en 1996 (conocido popularmente como Six Strings Down...), se habrán sorprendido al ver entre tanta leyenda (masculina) de la guitarra, a una mujer que firmó una soberbia versión de Pride and Joy. Ella es Bonnie Raitt, guitarrista tenaz desde los 70 a la que no le llegó el éxito hasta los 90, con su décimo álbum de estudio, nada menos. Lo suyo es una mezcla de blues, pop y folk bastante personal, y en lo estrictamente guitarrístico, le da al slide que da gusto. A día de hoy es una artista ampliamente reconocida.
 
Poison Ivy
Muchas cosas serían diferentes en el mundo del rock si Lux Interior y Poison Ivy no hubieran decidido seguir su propia senda como The Cramps. Juntos hicieron un tipo de música que precedió en muchos años a la popularización del psychobilly o el garage punk. Y aunque los integrantes de la banda fueron variando con los años, ellos resultaban inmutables: Lux a la voz (¡cuánto te echamos de menos!) y Poison Ivy a la guitarra. Ella, además, produjo o co-produjo muchos de los álbumes del grupo.
 
Jennifer Batten
Cuentan que Jennifer Batten consiguió su puesto como guitarrista de Michael Jackson, durante la gira de Bad, gracias al chivatazo de un amigo y a aguantar hasta el último día de casting para poder prepararse a conciencia. Evidentemente, consiguió el puesto, y siguió colaborando con el Rey del Pop a lo largo de los años. Después, en 1998, nada menos que Jeff Beck la reclutó para su banda. Lo que, en el mundo de la guitarra, son auténticas palabras mayores. Vamos, que es difícil molar más...
 
Lita Ford
De las míticas Runaways, hay dos nombres que verá en esta lista. El primero es el de Lita Ford, quien militara como guitarrista solista en la legendaria banda, y que alzó el vuelo en solitario a finales de los 80. Con Sharon Osbourne como manager, y Mike Chapman como productor, Lita Ford lanzó su primer disco en 1988, Lita, en el que incluso Ozzy participaba en un dueto. Tal vez nunca haya llegado a explotar con todo su potencial, porque a Lita la eclipsó todo aquello que llegó al rock en los 90, pero siempre será una de las grandes heroínas de las seis cuerdas.
 
Orianthi
Con tan solo veintipocos años, Orianthi empezó a captar la atención del mundo de la guitarra: sus espectaculares habilidades como shredder, a las que ese look de niña buena de la escuela vestida para matar no le pegan nada mal, le habían granjeado un puesto junto a Michael Jackson en la gira en cuya preparación le sorprendió la muerte. Tras esto, Orianthi ha lanzado tres discos en solitario, ha acompañado a Alice Cooper en la carretera y ha colaborado con propios y ajenos en lo que ya es una carrera consolidada que la sitúa como uno de los principales valores de la guitarra en la actualidad sin importar el género.
 
Nita Strauss y Courtney Cox
Algo parecido puede decirse de estas dos pedazo de guitarristas que tenemos, forzosamente, que agrupar bajo el mismo epígrafe. No en vano se dieron a conocer como el dúo guitarrístico de la banda tributo The Iron Maidens, con vídeos que en Youtube revientan las cifras de visionados, y apariciones sonadas en ferias guitarreras. Nita, además, ha reemplazado a Orianthi como la guitarrista de Alice Cooper, ahí es nada. Verlas sacar humo de sus guitarras a base riffs y licks de heavy metal es una experiencia hipnótica. Sí, hipnótica, dejémoslo en hipnótica...
 
 
Joan Jett
Pero si alguien tiene que coronar nuestra lista de diosas de las seis cuerdas, ésa no podía ser otra que Joan Jett. Tras liderar The Runaways, esta guitarrista sencilla y directa (jamás ha presumido de ser una gran instrumentista) tiene las cosas clarísimas: un buen riff, de esos que te agarran por las tripas y te zarandean sin misericordia, es más que suficiente para construir un himno del rock. Ahí tienes, si no, I Love Rock 'n Roll. Abandera del rock simple y contundente, Joan Jett tiene, además, su propia Gibson Signature Melody Maker. Y, en fin, todo lo que pueda faltarle a nivel técnico, lo suple con una actitud que ya quisieran muchos virtuosos. Así que... ¡pínchala otra vez en la gramola!