Puede parecer una contradicción querer montar una pastilla electromagnética en una guitarra acústica. A fin de cuentas, uno se hace con una para tocar en entornos y circunstancias… ejem, acústicas. Y cuando se sopesa entre diferentes modelos, está claro que lo que se busca es ese timbre característico y, de alguna forma, puro que se genera por la mera interacción entre dedos, cuerdas, madera y caja de resonancia. Lo que hemos terminado por llamar el tono natural de una guitarra acústica.
 
¿Por qué, pues, añadir un elemento electrificador a una ecuación tan antigua como los primeros instrumentos de cuerda? La respuesta está en la realidad contemporánea – es decir, de unas décadas atrás hasta hoy mismito – del directo. Para grabar una guitarra acústica en un estudio no hace falta más que elegir un buen micro, o un par de ellos, colocarlo cuidadosamente en la posición más adecuada para captar los matices que queramos captar del instrumento, y darle a REC.
 
En directo la cosa viene complicándose desde hace tiempo. No solo no es muy práctico usar la misma técnica microfónica sobre un escenario, especialmente si nuestro guitarrista quiere moverse mínimamente, y el micro es condición indispensable por cuestiones de tamaño de la sala y la audiencia. Es que, además, es muy habitual toparse con problemas de feedback, muy especialmente cuando hay monitores de por medio. Y en buena medida por eso surgió la necesidad de encontrar alternativas para amplificar una guitarra acústica. Lo que pasaba por añadirle algún tipo de transductor. Es decir, pastilla.
 
Sin embargo, el principal reto a que se enfrentan las diferentes soluciones que se han venido aplicando para solventar esta necesidad siempre ha sido básicamente el mismo: que el tono, ese timbre que decíamos natural y puro, no resultara adulterado. O no mucho. Hoy en día, afortunadamente, estamos ya en un punto en el que, entre las principales opciones en el mercado, casi cualquier guitarrista puede encontrar alguna que satisfaga sus exigencias y agrade a sus oídos. Sin sentir que su preciada acústica está siendo maltratada sin misericordia al ser amplificada.
 
Si tú, querido lector al otro lado de la pantalla, te encuentras ante esa misma necesidad, estas son los diferentes tipos de pastilla que encontrarás ahí fuera.
 
Pastillas en el resonador
Son las más añejas. También las que muchos guitarristas denostan por el sonido que producen. Pero, por otro lado, son las que, en general, resultan más fáciles de instalar sobre una guitarra inmaculada (no electrificada, vaya), y cuya instalación no es permanente. Más bien al contrario, son fáciles que poner y quitar.
 
Se popularizaron en los 60 y, como su nombre indica, se acoplan al propio agujero resonador de la acústica. Tienen forma de pastilla tradicional – aunque algunas marcas optan por estéticas más cercanas a la madera que al imán industrial -, y como éstas, captan las vibraciones de las cuerdas y las transforman en impulsos eléctricos que luego se amplifican. Por esto, precisamente, son también las que ofrecen un timbre menos natural y más eléctrico. Por eso lo de denostadas por algunos guitarristas que buscan tono acústico sin adulterar.
 
Transductores de contacto
Son la otra opción que más fácilmente puede instalarse y desinstalarse. Siempre que se haga por fuera, claro está. Se trata de un pequeño transductor (palabra técnica para aquello de “pastilla”), normalmente del tamaño y forma de una moneda, que se acopla o pega directamente sobre la tapa de la acústica. Ésta vibra también cuando tocamos la guitarra, y aquel capta esa vibración y, ya te imaginas cómo va la cosa, la transforma en señal eléctrica. En sistemas diseñados para captar más matices, se usan varios en diferentes puntos de la tapa. Y cuando resaltamos lo de “por fuera”, es porque, así como pueden instalarse sobre la tapa, también es posible hacerlo debajo, si se busca una instalación más permanente y protegida.
 
Pastillas bajo el puente
También llamadas endorsadle pickup, si navegas por webs de fabricantes en inglés, son, a día de hoy, el sistema más popular para amplificar una guitarra acústica. Funcionan también por contacto, ya que, como las anteriores, están hechas de material piezoeléctrico (de ahí el apelativo común de “piezos”). Pero a diferencia de aquellas, se ubican en la silleta del puente. O bajo ella, mejor dicho. Ahí es donde captan las vibraciones, de forma que el material del que están fabricadas, cargado eléctricamente, las transforma en impulsos eléctricos.
 
Las ventajas, más allá de las evidentes por su ubicación apenas perceptible a cualquier ojo no experto, es que suelen ofrecer un sonido más brillante, respetando más los matices del timbre de nuestra acústica. También minimizan los posibles problemas de feedback. Son algo más caras que los piezos de superficie, pero generalmente incorporan algún sistema de preamplificación que multiplica las opciones disponibles.
 
Micrófonos internos
Finalmente, la opción más respetuosa con el tono de nuestra guitarra, pero también la más cara, es un sistema que monte directamente un micrófono en el interior del cuerpo de la guitarra. Aunque pueden ser algo más proclives al feedback, el timbre se traduce (o transduce) de forma mucho más natural, ofreciendo una señal rica en matices. Algunos sistemas en el mercado, además, combinan un micrófono con un piezo en el puente, permitiendo combinar al gusto ambas señales en busca del tono acústico amplificado definitivo.