Los más puestos en temas de estudio y técnicas de grabación de guitarras estarán más que al corriente de qué es esto de “re amplificar”.
 
A otros, en cambio, les puede sonar a chufla porque no es necesariamente intuitivo el imaginar dónde cabe el “re” en un escenario en el que la guitarra va al ampli, suena, se graba con un micro y se añade a un tema que nos hará ricos, famosos, adorados, y quién sabe si desintoxicados y divorciados…
 
Pero reamplificar es una técnica muy habitual en el mundo de la producción guitarrera. Y una casi tan antigua como la propia grabación multipunto, con pioneros como Les Paul haciendo los primeros pinitos en algo que hoy, casi, es una obligación en algunos entornos profesionales.
 
El término, en cualquier caso, es en realidad algo tramposo. Porque sí, para que una guitarra eléctrica suene se debe amplificar. Pero (y esta es la base del asunto) si grabamos, además, una señal directa de su señal, podemos luego volver a lanzarla a un ampli y, en fin, “reamplificarla” para grabarla de nuevo con otro sonido: usando otros altavoces, diferentes ecualizaciones, amplificadores distintos. Es fácil ver, pues, que a esa señal directa en realidad no se le “re”-hace nada: no había sido amplificada ya de entrada.
 
Lo cierto es que la técnica es ingeniosa y, como se ha demostrado en infinidad de ocasiones, práctica. Tanto que, después de que se popularizara especialmente en los años 90, su uso es cada vez más habitual. Tanto para tener una copia de seguridad de una gran interpretación – en caso de que luego descubramos cualquier ruido o problema que pueda arruinar una toma en sí por cuestiones ajenas a la ejecución -, como para dar rienda suelta a la experimentación. Con una toma de una señal directa que luego reamplificar, podemos invertir tanto tiempo como queramos en probar diferentes combinaciones de amplis, pantallas y efectos sin esclavizar al guitarrista en la sala de grabación hasta se le caigan los dedos o sus túneles carpianos huyan a algún país del sudeste asiático para no ser vistos nunca más…
 
El cómo
Mientras el qué y el para qué del título están ya resueltos, falta dedicarnos al cómo, que siempre es más divertido.  Decíamos que fue en los 90 especialmente cuando se popularizó la reamplificación. Fue, curiosamente, John Cuniberti, ingeniero y productor que ha sido colaborador durante años de Joe Satriani, el que la impulsó con un aparato diseñado por él mismo específicamente para esta tarea. La patente la compró luego Radial Engineering, y las cajas de reamplificación comenzaron a proliferar.
 
Su funcionamiento es, básicamente, el inverso a una caja DI, a las que estamos mucho más acostumbrados los músicos que frecuentamos estudios o escenarios: la caja de reamplificación recibe una señal de baja impedancia y la convierte en una de alta impedancia, que es la que realmente hace migas con el input de un ampli. De este modo, la reamplificación se compondrían de dos partes: primero, la grabación de una señal de guitarra en un soporte analógico o digital a través de una caja de inyección directa (que convierte la señal de alta impedancia en una de baja impedancia), y, después, la viceversa, la reproducción de dicha señal a través de una caja de reamp y un nuevo amplificador y su captación mediante micros. Algo que se puede hacer tantas veces como se quiera, hasta dar con el sonido buscado.
 
Lo habitual, en cualquier caso, es grabar esa primera señal directa junto a la del propio amplificador microfoneado. Es decir, que de la caja de inyección parte un cable hasta el soporte grabador, y otro con una copia de la misma señal hasta un primer ampli. Aunque solo sea para que el guitarrista sienta que está haciendo música durante la grabación y no participando en algún tipo de experimento nerd…
 
 
El cómo, también en digital…
Con la señal directa se pueden hacer varias cosas. Por supuesto, se puede lanzar de nuevo desde la cinta o el DAW para reamplificar en el sentido más analógico del término y volver a captar el sonido de un ampli y una pantalla mediante micros. Hoy en día, sin embargo, cada vez es más común que esto ocurra directamente en el terreno digital.
 
Los ya muy numerosos y diferentes softwares emuladores de amplificador que hay en el mercado han simplificado mucho esta técnica del reamp, eliminando la necesidad de esa “DI a la inversa” física. Tan solo hay que aplicar un plugin a la pista que alberga la señal directa en nuestro DAW de elección, y reamplificar sin tener que tirar cables, colocar micros y mover de aquí a allá cabezales, combos y pantallas. No vamos a entrar aquí en el debate sobre las calidades sonoras de una u otra opción, esto queda a gusto del consumidor.
 
Otra opción son los emuladores de tipo hardware, que en muchas ocasiones funcionan al mismo tiempo como interfaz de audio al conectarlos al ordenador. Y que liberan también de la necesidad de una caja DI. El propio emulador (normalmente, en formato rack) cumple con esa función. Es más, lo habitual en unidades tipo Axe FX o Avid Eleven Rack es que puedan enviar directamente al DAW una copia procesada (amplificada) y otra sin procesar (directa) al mismo tiempo. Y que la reproducción de esta última pueda hacerse directamente a través del emulador, de nuevo, para procesarla y manipular las diferentes opciones en tiempo real. Es decir, como tener a un asistente en la pecera moviendo micros y cambiando amplis y pedales de efecto, pero sin tener que tener trato humano con él. Lo cual, a veces, es una ventaja…