Las guitarras de siete cuerdas, aun viviendo un momento de gran expansión, especialmente en muchos espectros del rock, siguen siendo exoticas. Los fabricantes, en general, acostumbramos a tener un puñado de modelos con esa cuerda extra. Un puñado con jugo y enjundia, todo sea dicho, en casos cercanos, pero el número de guitarras que lo componen no suelen pasar de ser un pequeño porcentaje del catálogo completo.
 
Algo muy normal, en cualquier caso, si nos ponemos a mirar cifras, porque la demanda en el fondo no es tanta. Lo que genera ese círculo vicioso a veces, virtuoso en otras, que en este sistema económico nuestro se llama ley de mercado. Por mucho que los guitarristas que estén leyendo esto y se dediquen a los géneros más metaleros, en los que las siete-cuerdas encuentran su lugar principalmente, no estén muy de acuerdo con esto que acabamos de decir. Y solo entiendan, con parte de razón y algo de razón de su parte, que hacen falta más guitarras de siete cuerdas. Muchas más. Always.
 
Esto provoca que, al final del día, las siete-cuerdas, las buenas siete-cuerdas, se conviertan rápidamente en objetos de deseo y ensoñación. Puede que no tanto para los guitarristas menos extremos, porque es habitual que éstas vengan equipadas con aquello del metal bien marcado en la hoja de ruta. Ya sabes: pastillas activas, escalas largas, aires amenazadores a juego con los logos afilados de muchas bandas que las usan… Por esa senda caminaban la Explorer de 7 cuerdas, ya fuera de producción, o la 7-string Flying V, aunque hay que reconocer que sus líneas son condenadamente elegantes, especialmente en el caso de la “flecha”, que casi parece sacada de una anuncio de Ferrero Rocher si los anuncios de estos deliciosos bombones estuvieran a la altura del producto (es decir, si molaran). Pero, y esto no es una crítica sino una relación de hechos, ambas guitarras se enmarcan en ese itinerario del metal que decíamos antes.
 
Por eso, la aparición de una guitarra como la Les Paul Classic de 7 cuerdas despierta el lado más juguetón de muchos guitarristas – quien esto suscribe incluido – por varios motivos que ya se adivinan en el propio nombre. “Les Paul Classic” y “7 cuerdas” son como dos conceptos que uno no esperaría (no diremos jamás, porque aquí nos sorprendemos hasta a nosotros mismos) ver demasiado juntos en un mismo párrafo. Mucho menos formando parte del mismo nombre.
 
Efectivamente, se trata de una guitarra de 7 cuerdas. Sin dobleces en ese departamento. Cuerpo de caoba, con rebaje de peso tradicional, mástil encolado también de caoba, con un diapasón de 22 trastes y radio de 12”. Hasta aquí todo muy normal, todo muy Les Paul. ¿Ves por dónde van los tiros? A diferencia de lo que viene siendo habitual en el universo 7-string, este modelo monta pastilla pasivas. Una Seymour Duncan ’59+ en el mástil y una JB de la misma marca en el puente. Esto, sin duda, empieza a darle sentido a eso de “classic”, y coloca a la guitarra mucho más directamente en territorio tradicional Gibson, séptima cuerda mediante.
 
Estas pastillas, diseñadas por Seymour Duncan en los 70, ofrecen un tono algo más potente que el de una humbucking tradicional, especialmente la JB, pero manteniendo una gran capacidad para limpiar el sonido saturado bajando el volumen. Lo que permite lograr una gran variedad de timbres de inspiración vintage. La guitarra viene equipada, además, con control push-pull para coil split, y con el Turbo Boost de 15dB. Con ambas opciones, y la configuración de pastillas, la versatilidad tonal de la guitarra está asegurada, y se distancia un poco – o bastante – de lo habitual en una siete cuerdas. Algo que para algunos puede no ser necesario o, directamente deseable. Pero que para muchos otros abre un abanico de posibilidades realmente interesantes.
 
La Les Paul Classic de 7 cuerdas tiene, además, un diapasón con escala de 24.75”. Esto sin duda hará echarse las manos a la cabeza a más de uno – solo hay que pasearse por algunos foros o escuchar atentamente las redes sociales -, convencido de una 7-string tiene que emplear escalas mayores para lograr más tensión y, por tanto, pegada (27” ó 25.5”). Sin embargo, tiene todo el sentido que este modelo emplee la tradicional de 24.75”: de otra forma, no sonaría como una les Paul. Tal y como es se trata de una Les Paul de siete cuerdas, y no una siete-cuerdas con forma de Les Paul. Creo que es fácil entender la diferencia…
 
En resumen, estamos ante una guitarra que ofrece un nuevo enfoque al mundo de las 7 cuerdas a través de sus características de corte más tradicional. O, visto de otro modo, arrima las posibilidades de una séptima cuerda, en términos de timbre, de opciones para construir riffs, de sonoridad de acordes, de contundencia y pegada de riffs y power-chords, a la orilla de la Les Paul. Algo que hasta hace poco solo podía un imaginar en sueños.