Formas de gestionar los efectos que aplicamos a nuestro sonido de guitarra hay casi tantos como guitarristas. Sin embargo, unos cuantos son bastante comunes: echarlos todos al frente montados en una pedalera o usar el loop de efectos de nuestro amplificador, si lo tuviere, para algunos tipos de procesamiento específicos es lo más habitual sobre los escenarios, tanto amateurs como profesionales. Sin embargo, muchos pro se han decantado a lo largo de las últimas décadas por un formato bastante más desconocido pero que puede dar resultados sorprendentes: el sistema Wet-Dry-Wet.
 
El concepto es, en el fondo, sencillo: dedicar un amplificador enteramente a nuestro sonido “seco” en mono. Es decir, el que no se ve afectado por efectos, mientras que estos se aplican sobre un duplicado de la señal a través de otro ampli (o amplis), normalmente en estéreo. Lo correcto, de todos modos, sería hablar de que la señal seca queda libre de algunos tipos de efectos concretos. Lo habitual en este tipo de configuraciones es que lo que consideremos “wet” (“mojado” entendido aquí como “procesado”) sean el resultado de pasar la señal por delays, reverbs o chorus (también flanger, phasers…). Es decir, efectos de tiempo, en estéreo, mientras que los típicos overdrives, wahs, fuzz, o incluso trémolo o phasers se consideran parte de la señal mono seca.
 
La complicación puede llegar a la hora de poner en marcha un equipo de estas características y de cómo implementarlo sobre el escenario. Hay muchas formas de hacerlo, y las soluciones más profesionales implican buffers, splitters, acondicionadores de corriente, múltiples unidades en rack, power amps, controladoras… La suma de todo lo cual puede ascender a una importante cantidad de dinero que, presupuesto mediante, puede convertirse en un rig de ensueño. Sin embargo, también es posible conseguirlo con posibles mucho más modestos.
 
Una forma consistiría en, sencillamente, insertar un splitter dedicado para estos menesteres entre tu amplificador y tu pantalla dedicada a la señal mono. Desde el splitter sacaríamos una señal de línea que fuera a un procesador de efectos, y de este a un par de power-amps que alimentaran dos pantallas “wet”. También sería posible enviar esa señal del splitter a una mezcladora, y en esta usar los envíos auxiliares para añadir los efectos a la señal que iría después a esas dos pantallas. Sobre el escenario, microfonearíamos los tres altavoces y tendríamos así nuestro wet-dry-wet.
 
También es posible microfonear el amplificador seco, y llevar esa señal de micro a una pequeña mesa de mezclas en la que aplicar los procesamientos, para enviar desde ahí las señales “wet” a monitores full range que podríamos colocar a ambos lados del ampli seco mono… y al FOH directamente para goce y disfrute del público. Lo importante en estos casos es que la señal que sale del procesador de efectos o, mejor, que llega a los monitores o pantallas “wet” debe ser 100% efecto, sin señal seca.
 
Una opción mucho más asequible para todos los bolsillos es buscar algún amplificador barato estéreo con loop de efectos. Hay bastantes opciones de este tipo en el mercado, teniendo en cuenta que nos vale un ampli de estado sólido o híbridos, ya que lo vamos a usar para la señal procesada y no necesitamos la coloración de las válvulas: se trata de reproducir fiel y nítidamente el efecto que queremos añadir a la señal seca que ya tiene esa coloración si es que la queremos.
 
Así, sacamos una copia de nuestra señal mono desde el send del loop de efectos de nuestro ampli “dry”, la pasamos por los procesadores (delays, reverbs, multiefectos…) que queramos, y la llevamos al ampli estéreo “wet” a través del return de su loop de efectos (saltándonos así el preamp). De esta forma, solo tendremos que añadir un combo más a nuestro equipo, procesadores de efecto aparte. Y aunque seguramente no tendremos la claridad de una configuración más profesional y dedicada, nos hará el apaño perfectamente.
 
Las posibilidades de un sistema de este tipo son muchas, empezando por la claridad que podemos ganar en nuestros delays, reverbs, choruses… Nuestro sonido ganará en tridimensionalidad, pudiendo sonar gigante con un buen ajuste. Aunque, eso sí, es probable que muchos técnicos de sonido nos odien en cuanto comencemos a contarles lo que queremos lograr sobre el escenario.
 
A cambio de un poco de odio, podremos jugar con delays o flangers en estéreo, haciendo ping pong de forma nítida entre ambos lados del espectro; podremos jugar a aplicar en directo efectos clásicos, como diferentes delays a cada lado (uno más corto tipo slapback en uno, y con repeticiones más largas en el otro, por ejemplo); o inventarnos nuestro propio chorus a lo Van Halen si los corrientes no acaban de gustarnos: tan solo hay que añadir una señal con el pitch levemente elevado en un lado, y al otro, otra copia de la señal con el pitch un poco más grave (¡hablamos de centésimas!). Se pueden conseguir, también, efectos dramáticos usando pedales de expresión o de volumen para añadir efectos determinados o cambiar parámetros específicos en momentos concretos de un tema.
 
Eso sí, olvídate de tener una opción de Backus sencilla si algo se tuerce…