A menudo estamos tan enfrascados en diseccionar el mundo de las seis cuerdas, con sus cosas del sonido y el tono, el cómo hacerte oír al zambullirte en un solo, cómo trabajar con dos guitarras en una formación para que suene música y no un lodazal, o cómo lograr éste o aquél timbre, que se nos olvida que también los bajistas tienen mucho que decir, y hay mucho que escuchar en esas, habitualmente, cuatro cuerdas.
 
Esto parece una obviedad, ya que solo los guitarristas más ego-bombásticos ignoran que uno puede lanzarse a sus riffs, sus solos y sus arreglitos y funambulismos varios, porque detrás hay un bajista, uno bueno normalmente, que mantiene el pulso del tema bombeando groove como un motor de inyección. Sin embargo, nos referimos en realidad a cuestiones específicas de sonido. Suelen ser los guitarristas los más obsesionados con su tono, con que se les oiga, con “cortar” entre la mezcla… Pero a veces los bajistas también tienen problemas propios en este sentido.
 
Algo muy común, todo sea dicho, en clubes de mediano y pequeño tamaño donde podemos encontrarnos con una diversidad de escenarios importante: desde las pequeñas salas de concierto bien equipadas, con PA y monitores de escenario para albergar  cómodamente a una banda de tamaño medio, a los locales en los que hay que tocar “a pelo”. Es decir, llenando la sala únicamente con lo que salga de nuestros amplis y los brazos del batería. El cantante es el único que suele librarse en cualquier circunstancia de pegar berridos, aunque normalmente no parecen darse cuenta de ello… ejem…
 
Cuestiones de volumen
Lo primero que suele preocupar a un bajista en esta situación, esto es, a la hora de preparar una actuación en un lugar pequeño (pongamos, de menos de 300 personas) es cuánta potencia necesitará tener su ampli para poder escucharse. Esto, evidentemente, dependerá principalmente de si la sala tiene PA o no la tiene. De no tenerla, en fin, intenta presentarte con el ampli más potente que puedas, para estar seguro de que tienes suficiente headroom como para escucharte y, más importante, que lo haga el público sin distorsionar de ninguna forma.
 
En el primer supuesto, el local tiene PA y tú vas a salir por ella al Front of House (FOH, es decir, lo que escucha el público), un amplificador de unos 150W debería ser más que suficiente. Ten en cuenta que realmente solo lo necesitas para escucharte sobre el escenario, y que tus compañeros te escuchen. Y, en principio, una vez que has llegado a la mesa de mezclas, tu volumen sobre las tablas debería poder reforzarse fácilmente en caso necesario a través de los monitores de escenario del local.
 
Los cabezales míticos con gigantes pantallas de 8x10 tienen, en realidad, otra razón de ser. Que no es necesariamente dejar sordo a todas las cuatro o cinco primeras filas con tus ondas de graves.
 
Espacio físico y posiciones
Ten en cuenta, no obstante, que cuánto escuches realmente sobre el escenario bien puede tener que ver con dónde está tu amplificador en relación a dónde te colocas tú sobre el escenario. Es muy común, sitios pequeños, que el ampli nos quede demasiado cerca. Y si tenemos en cuenta que los graves necesitan distancias considerables para desarrollar sus ondas de frecuencia, tocar con el amplificador a un metro no nos asegura ni mucho menos que nos vayamos a escuchar correctamente. Y mucho menos si el ampli está a ras de suelo.
 
En estas circunstancias suele merecer la pena levantar el ampli del suelo o emplear algún soporte para hacerlo apuntar hacia arriba, y que el sonido, más que atravesar nuestras canillas, llegue algo más directamente a nuestros oídos. Ten en cuenta, además, que aunque tu ampli esté a la altura de tus rodillas, en realidad esto significa que está a la altura de las orejas del público, pocos metros más allá. Y que si no te escuchas y te dedicas  subirte de volumen, es probable que provoques alguna embolia entre las primeras filas por golpetazo de onda de 60 Hz.
 
Es más, confía en tu técnico de sonido (lo que viene significando normalmente “el de la sala”) cuando te diga que estás muy alto. Si lo hace, es porque seguramente lo estás. Si no te escuchas, es que seguramente el problema está en un sitio que no es el pote de volumen…
 
Frecuencias y desacoplamientos
Lo de levantar el ampli del suelo es buena idea, además, porque rompes con el acoplamiento: cualquier fuente de sonido pegada a una superficie (el suelo…), verá incrementado su contenido en graves en varios decibelios. Si son dos superficies (suelo y pared), el incremento es del doble, y en una esquina (tres superficies) del triple. Es decir, que separar tu amplificador algunos centímetros del suelo, o aislarlo con algún tipo de material absorbente (algunas marcas venden superficies rígidas precisamente para esto) romperá ese acoplamiento.
 
Los beneficios, en general, consisten en mayor claridad, rompiendo esa pelota de graves en que a veces puede convertirse nuestro tono si no tenemos en cuenta estos principios básicos.
 
Inyección directa
Lo normal, hoy en día, es que, si la sala tiene PA y tu bajo saldrá por ella, el técnico tome directamente una señal directa de tu bajo, y tu ampli quede relegado a monitor de escenario. Dos reflexiones en este sentido: si tu timbre está íntimamente relacionado con tu saeteo del ampli, reclama que te microfoneen, si es que éste no tiene algún tipo de salida directa que respete aquél. Por otro lado, si tu ampli no tiene este tipo de salida, no estaría demás acostumbrarse a llevar encima una caja DI (las hay bien baratas y fiables) para poner las cosas fáciles al técnico.
 
El beneficio de una caja DI es, además, que te permitirá jugar con la señal, de forma que  puedas enviar una copia a la mesa para que el técnico haga su magia, y otra a tu amplificador. Si en el escenario hay monitores, esto te permitirá, además, emplear el ampli, por ejemplo, como monitor para ti y para el bajista, a volumen comedido e, incluso, apartado del público. Tendréis así un monitor dedicado, mientras el resto de la banda puede escucharos por sus respectivas cuñas de suelo.