Johnny A and KRK

Es normal equivocarse cuando alguien está aprendiendo a tocar la guitarra. La guitarra, o cualquier otro instrumento. O, demonios, cualquier disciplina en la que uno mejore a base de práctica, en lugar de recibiendo información directa al cerebro a través de un jack insertado en nuestro cráneo. Es decir, ¿todas? Porque, hasta donde sabemos, lo de Matrix, Johny Menomic y otras ficciones futuristas está aún lejos de llegar...

De hecho, no lo llaman “ensayo y error”, al método en que básicamente funciona nuestro aprendizaje, por casualidad. Desde bien pequeños, metemos la pata – aprendiendo a manejar una cuchara, a dar nuestros primeros pasos, escribir nuestras primeras letras, saber cuándo pedir un nuevo juguete a nuestros padres, la mentira que contar para llegar más tarde a casa, etc. -, y el siguiente intento nos sale algo mejor. Por eso, precisamente, suele ser complicado engañar a los padres:  nos llevan mucha ventaja en esto del ensayo y error. Pero estoy divagando...

A lo que iba: errar no solo es humano, normal y aceptable, sino deseable. Por cuanto que en realidad es parte de nuestro mecánica de aprendizaje. Sin embargo, hay errores que pueden convertirse en un lastre. Y me refiero tanto a fallos específicos, normalmente mal o nada corregidos, que tienden a enquistarse; como a actitudes equivocadas que ralentizan ese mecanismo de mejora. Una de ellas es precisamente la fobia al error, y el ansia que ésta provoca. Pero hay unas cuantas y unos cuantos más que, en realidad, son fáciles de corregir...

La prisa
Podría considerarse como parte de esa fobia al fallo o aspiración ilusoria a no equivocarse jamás. Pero en realidad puede ser tanto consecuencia de ella como un error propio de quienes en el fondo tienen asumido que se equivocarán. La prisa por aprender algo cuanto antes, por mejorar esa técnica ya, por solucionar los fallos ayer, por convertirnos en los próximos cinco minutos en el nuevo Van Halen, por dominar ese riff o solo antes de dormir...

De hecho, lo cierto es que, muchas veces, esto de aprender funciona un poco como en los juegos de rol, y lo de dormir es absolutamente necesario: nos tiramos horas practicando algo que no acabamos de dominar, desistimos frustrados, nos vamos a la cama, dormimos, descansamos, dejamos reposar el asunto... Tal vez incluso uno o dos días. Y, de repente, cuando volvemos a intentarlo, sale a la primera. Como si uno hubiera subido de nivel... y aquí está la referencia al rol, tranquilos, no me había vuelto loco.

El ansia por aprender nos genera prisa, y ésta es el enemigo número uno del aprendizaje. Impide fijarnos en las lecciones o el material de estudio con claridad, provoca que nos precipitemos en los ejercicios, evita que apliquemos correctamente las técnicas por pura impaciencia. En resumen: no-tengas-prisa-chaval.

No escuchar al profesor
Esto es fruto, en el fondo, de la prisa, pero conviene dedicarle un poco de atención personalizada... Si tu profesor de guitarra (o una lección en vídeo, o lo que sea) te muestra una técnica o ejercicio que va a proceder a enseñarte cómo se toca, ¡escúchale antes de lanzarte a probar tú mismo! Deja que tu instructor termine su explicación, o deja que la vídeo-lección termine, mírala hasta el final con calma (¡como si no pudieras volver a darle al play desde el principio después!). Algo que acusan muchos profesionales de la didáctica musical es precisamente esto: la impaciencia del alumno por probar una técnica que ni siquiera se le ha terminado de explicar. ¿Cómo vas a ser capaz de tocar algo correctamente cuando todavía no sabes siquiera cómo debe ejecutarse bien?

De nuevo, deja la prisa en casa. Tu habilidad con la guitarra lo agradecerá. Tu profesor, más.

Púa-contrapúa
Si hay una técnica que un principiante debería machacar hasta que los dedos se le caigan y la domine sin pensar, esa es la de púa-contrapúa a la hora de atacar las cuerdas con la mano derecha. Porque precisamente la falta de fluidez con dicha mano es uno de los principales lastres del joven padawan de la guitarra. Practicar púa-contrapúa (es decir, que a cada golpe de púa hacia abajo le siga uno de contrapúa hacia arriba) es la mejor forma de interiorizar el movimiento de la mano derecha a tempo, de forma que, poco a poco (¡paciencia!) las figuras rítmicas complejas resulten naturales de tocar, porque los acentos son fáciles de marcar dentro de un vaivén continuo y fluido.

No usar metrónomo
Otro punto clave es dominar el tempo. Y para dominar el tempo, es decir, ser capaz de tocar a tempo ya sean acordes, riffs o intrincadas figuras melódicas, solo hay una opción posible: practicar con metrónomo... ¡todo! Cada ejercicio que hagas, ya sea aprenderte un tema, realizar calentamientos o practicar escalas, debes hacerlo siguiendo el tempo que marque un metrónomo. Acostúmbrate al tac, tac o usa uno digital que te permita cambiarle el sonido (quien esto suscribe es muy fan de tocar al ritmo de un cowbell...). O emplea un loop de batería. Pero ten siempre algo sobre lo que tocar que marque de forma inflexible un tempo que seguir. No sabes cuánto lo agradecerás a largo plazo.

No tocar con otros músicos
Hay quien piensa que uno debe convertirse en un guitarrista experto antes de animarse a tocar con otros músicos. ¡Nada más lejos de la realidad! Hombre, un mínimo de práctica y algo de soltura no vienen mal, pero lo cierto es que cuando más se aprende, además de acudiendo a clase con un tutor varias veces en semana, es tocando en una banda. De hecho, hay cosas del tocar con otros músicos que no se aprenden delante de un profesor. El feeling entre varias personas tocando al unísono es algo que no se puede enseñar en un aula. Además de que fijarte en cómo tocan otras personas y tener que preparar un repertorio para hacerlo con ellas serán dos acicates de primer orden para que tus habilidades mejores rápidamente. ¡Sin miedo!

Abusar de la distorsión
Lo entendemos: es muy divertido y satisfactorio poner tu ampli a todo trapo y subir el control de ganancia hasta alcanzar tonos derrite-tímpanos. O hacer lo propio con un buen pedal de distorsión frente a tu amplificador de práctica. Sí, suena de muerte. Lo malo es que tanta distorsión es más que posible que esté ocultando muchos de tus fallos. ¡Por eso precisamente nos gusta tanto cuanto empezamos en esto de la guitarra! Esos golpecitos involuntarios a cuerdas que no corresponden, bendings que no se afinan del todo bien, secuencias de notas que no están realmente pulsadas todo lo bien o a tempo que deberían... La distorsión es una herramienta estupenda para que esto quede disimulado. Justo lo contrario que necesitas mientras estás aprendiendo. Concédete ratitos de indulgencia haciendo rugir tu ampli, pero cuando estés practicando, intenta hacerlo con timbres más limpios. Si eres capaz de tocar de forma limpia y precisa así, con más distorsión sonará aún mejor.