Fotos: Badajoz FotoParty




Se encuentran en plena efervescencia conciertera, con un nuevo disco bajo el brazo – Big City Lies, 2014 – y, cuando uno les ve en directo, parece que más ganas que nunca de comerse el escenario y hacer que el sufrido aficionado al rock en estas latitudes no anglosajonas pueda disfrutar de un directo demoledor, emocionante y condenadamente divertido y catártico. Son Sex Museum, claro, una referencia de todo lo que es rock en España que se acerca peligrosamente a cumplir nada menos que tres décadas en activo.

Y a estas alturas tampoco es que haga mucha falta presentarles: aunque muchos conozcan a varios de sus integrantes más por otros proyectos como Corizonas o Los Coronas, Sex Museum sigue siendo sinónimo de rock con mayúsculas. Fernando Pardo es su guitarrista y líder indiscutible (a fin de cuentas, siempre es él el que toma la voz cantante entre tema y tema en sus conciertos...), además de uno de los compositores principales de la banda y, para qué negarlo, un tipo realmente majo con el que da gusto hablar, ya sea después de una actuación, o con calma en formato entrevista. No es la primera que le hacemos y, estamos seguros, tampoco será la última.
 
Hola, Fernando. Han pasado tres años desde vuestro último disco, Again & Again y, francamente, ¡ya había ganas de otro! Big City Lies llega, además, con algunas sorpresas... ¿cómo planteasteis el disco?
El disco lo compusimos Marta y yo con relativa calma y en casa. El funcionamiento del grupo últimamente - como en Coronas o Corizonas - era “aquí te pillo, aquí te mato” y Marta quería dedicarle más tiempo a la composición. Lo llevamos al local cuando ya estaba compuesto y el concepto del disco estaba claro. Queríamos evitar lo que nos ocurrió en el “Again And Again”, en el que cada uno llevó al local canciones sin ningún sentido de unidad con las de los otros y luego las pasamos putas para darlas un sonido y concepto global, tanto en letras como en sonidos.
 
Lo grabasteis en Estudios Brasil y, por lo que sé, el proceso fue muy rápido. ¿Necesidad o exigencia auto-impuesta? Háblanos un poco del proceso de grabación.
Mitad y mitad, no había mucha pasta, así que lo hicimos rápidamente. Luego también está el hecho de que nuestro bajista Javi Vacas está siempre muy ocupado y no puede dedicar mucho tiempo a casi nada, con sacarle tres días seguidos completos ya es un logro. Así que nos plantamos en el estudio, montamos por la mañana y a última hora de la tarde ya teníamos grabadas tres canciones, en los dos días siguientes acabamos de grabar y rematar todo el resto menos la voz. Las voces las grabamos en otro estudio y con más calma, sin tener que quitar tiempo a nadie del grupo que no pudiera estar presente. La mezcla la hicimos en Lorca en un estudio llamado “La Sala De Máquinas”.
 
He leído en varios sitios que es una vuelta a los orígenes... ¿Qué opinas?
Es una vuelta a los orígenes por lo simple de las canciones, pero tanto el sonido como la forma de tocar del grupo son muy diferentes. Eso hace que suene como algo nuevo y que resulte complicado relacionarlo directamente con nuestros primeros discos. Aunque es un disco en el que la composición se ha centrado más alrededor de las melodías de voz y menos en los desarrollos instrumentales, y eso de alguna manera nos hace volver a los orígenes.
 
En Big City Lies os atrevéis por primera vez con un par de temas en español, Judee Sill y Odio. En algunos oídos no han caído muy bien, a la vista de críticas leídas aquí y allá, pero a mí personalmente me parece que pueden abrir un nuevo rumbo. ¿Me equivoco? ¿Era parte de la intención al hacerlas?
Sí, es reabrir un camino que yo personalmente cerré al principio del grupo. Empezamos componiendo en castellano, pero el resultado no me convencía del todo y lo acabamos cerrando. Con el tiempo me he dado cuenta que eso limitó mucho las capacidades y posibilidades de Miguel, nuestro cantante, y lo que estamos haciendo ahora es volver atrás para volver a darle la posibilidad de que se desarrolle de una forma que en el grupo no pudo hacer antes. Es una deuda kármica que debo cumplir y Miguel es mi hermano y lo que piense que debo hacer por él está muy por encima de lo que piense cualquier otra persona más allá de nosotros dos, incluyendo incluso al resto del grupo.
 
Hay también mucho fuzz en el disco algo que, personalmente, me parece más que correcto. En directo también haces alguna alabanza de este pedal infernal... ¿Te has enganchado de nuevo al fuzz?
Siempre he llevado algún Fuzz en la pedalera, la diferencia esta vez es que he vuelto a alguno de los del principio, más antiguo. Estuve llevando un Graphic Fuzz Electro Harmonix de los antiguos durante años, pero era tan versátil que a veces se alejaba del sonido más tradicional del Fuzz al que he vuelto ahora. En la gira de “Back To The Fuzz” volví a sacar algunos cacharros viejos que tenía por ahí abandonados y el sonido de los Fuzzes más primitivos volvió a mi vida. ¡Y me encanta!
 
Durante unos cuantos años, del 86 al 90 más o menos, llevaba dos fuzzes conectados uno detrás de otro, un Fuzz Face de silicio original, de los azules de Dallas Arbiter, y un Ibanez OD 850 de principio de los 80s que era una réplica de un Big Muff a lo japonés. Conectados a un stack Marshall MKII de final de los 70 era una experiencia tan gloriosa para mí, como dolorosa para el público. Solía tocar con el ampli dado la vuelta, mirando a la pared. De hecho, gran parte de la gente que nos seguía o tenía alguna conexión con nosotros nos dejó porque decían que nos habíamos vuelto “jevis”. Esos excesos sónicos en los tiempos de “las tribus urbanas” siempre acababan significando perdida de público y en ¡nuestro caso hasta de amigos!
 
Es lo bueno que tiene el fuzz, es un buen filtro natural, si a ti te gusta pero a tu novia no, mejor déjala ahora que estás a tiempo, que cuando quieras darte cuenta te habrá hecho cortar el pelo, te comprará los calzoncillos y estaréis pagando una hipoteca a medias.
 
¿Qué más puebla tu pedalera estos días, Fernando?
Para cada grupo cambia un poco, pero para Sex Museum llevo además del Fuzz, que es un Color Sound Jumbo Tone Bender de mediados de los 70, un Hardwire CM-2, un delay Love Pedal Gen5 Echo, un Diamond Compressor, un Microamp Custom Shop de MXR, un Tremolo/Pan PN2 de Boss y a veces un Love Pedal Eternity Fuse o un Red Snapper para poder acoplar más a gusto.
 
En cuanto a guitarras, te sigo viendo enganchado a tu Gibson SG... ¿Qué más Gibson se dejan oír por Big City Lies?
La Les Paul Custom del 70, siempre me acompaña por si acaso, pero estoy enganchado a la palanca de vibrato y hasta que no le ponga un Bigsby B7 con el kit Vibramate V7, la uso sobretodo de repuesto, no la saco mucho de la funda.
 
Supongo que no soy el único en ver una referencia en el título del nuevo disco a Scorpions y su Big City Nights... ¿La hay, con su correspondiente dosis de sorna, o es tan solo coincidencia?
Pura coincidencia, ¡te lo aseguro!
 
¿Cuáles son esas grandes mentiras de la gran ciudad?



Casi todas las relaciones de cualquier persona que conozcas en una ciudad se basan en mentiras. Tratas de aparentar que eres lo que no eres, que tienes lo que no tienes o que piensas lo que no piensas. Normalmente conocer bien a alguien en una ciudad consiste en ir desmontando mentiras e ir llegando poco a poco a lo que realmente hay en el interior, que suele ser poco o un cumulo de frases hechas y actitudes copiadas a otros y hechas propias. Como cada vez quedan menos individuos reales y originales, la gente en las grandes ciudades cada vez se parece más unos a otros: hablan igual, tienen los mismos gustos, van a los mismos lugares de veraneo, tienen los coches del mismo color, los mismos hobbies y las mismas absurdas generalizaciones que, paradójicamente, les hacen sentir únicos.
 
Esto en un pueblo no pasa, saben de sobra de dónde vienes, donde estás y a dónde vas, son mucho más sinceros. Sin embargo cuesta mucho más reinventarte, si tu padre era “El Mata Perros”, tú lo serás también y tus hijos y tus nietos.
 
Los españoles es lo que tenemos, ni comemos ni dejamos comer.
 
¿Hay alguna fórmula para librarnos de la mentira?
 
No, lo mejor es aceptarla y disimular haciéndote el humilde y el modesto. Es una corriente tan grande que lo mejor es dejarte llevar por ella suavemente y, si puedes, disfrutarlo.
 
Volviendo a temas más musicales, la última vez que os vi en directo os marcasteis un Fight for your right to party mezclado con Smoke on the Water. Y no es la primera vez que os veo jugar con versiones o colar referencias en temas propios. ¿Son chistes de local que llegan al escenario, o es que os gusta provocar un poco al público?
 
A mí personalmente me gusta llevar el sentido del humor a la música y me gusta provocar, así que podría ser un poco de cada una de las cosas que comentas. Pero de una forma un poco retorcida, evitando el chiste fácil y lugares demasiado comunes.
 
¿Cómo se plantea Sex Museum los directos?
Un par de jabs para tantear de qué va el público, golpe al hígado, juego de piernas, uppercut al estómago, al hígado de nuevo y un crochet directo a la mandíbula. Si soportan esa presión, hay fiesta y acabamos charlando con la gente que viene a los conciertos después de tocar. Y si no, pues también, la verdad.
 
Viéndoos sobre un escenario, y echando la vista atrás y vuestros casi 30 años de trayectoria, uno no puede evitar tener fe en el rock de este país. Sin embargo, creo que tú no eres tan optimista...
La verdad es que veo muy complicado que haya un relevo generacional. Me da la impresión de que este tipo de vida se acaba, pero es pura ley de vida y lo acepto sin demasiada pena ni nostalgia. La música ya no significa lo mismo que hace 20, 30 o 40 años, no tiene ni la misma influencia en la sociedad ni es el negocio que era entonces. Se ha convertido en un ruido de fondo agradable, algo por lo que no hace falta pagar, en un formato que no puedes palpar y que acaba en la papelera de reciclaje de tu ordenador o móvil cuando necesitas espacio para descargar una película o una serie nueva. Eso mata cualquier vínculo emocional de una forma mucho más sencilla que si tuvieras que tirar o vender tus antiguos vinilos.
 
La música pasará a ser lo era antes de los años 50, un producto o complemento de temporada igual que unas gafas de sol, que te hace disfrutar durante un verano y luego se olvida para siempre. ¿Quién se acuerda de alguna de las miles de bandas que había en España en los años 30, 40 o 50, antes de la llegada del r’n’r? Nadie.
Nosotros no somos más que los últimos herederos de los tiempos de las grandes bandas de r’n’r, los años 60 y 70, viviendo algo que se acaba como si fuera una peli de Tarantino. Me gusta verlo y vivirlo así, imagino que porque soy más romántico o retorcido de lo que pienso que realmente soy.
 
¿Qué le pedirías al guitarrista y aficionado al rocanrol que está leyendo esta entrevista para mantener viva la llama de la música en directo y el rock en España?
Que sean capaces de mantener viva la escena de r’n’r e incluso que la hagan crecer, como público y como músicos, porque sin ella no serán más que músicos de local de ensayo, con muy pocas posibilidades de darse a conocer y de tocar en directo.
 
Nosotros llevamos con ello años, al principio porque queríamos ser parte de algo y ayudarlo a crecer, pero últimamente me da la impresión de que - al menos yo - lo hago solo por puro egoísmo, porque lo disfruto más que ninguna otra cosa en la vida. Y porque me permite vivir siempre en tránsito, sin crear nunca vínculos lo suficientemente fuertes como para llegar a sentirme esclavizado por nada. Una vez aceptado esto, esta es una vida cojonuda, sin demasiados compromisos ni obligaciones ni responsabilidades más allá de las propias y las que tú decides.
 
Muchas gracias, Fernando, y a seguir petándolo muchos años más.
¡Que así sea, un saludo!!!