Así, a bote pronto, esta pregunta puede resultar un poco extraña para la mayoría de los guitarristas más, digamos, analógicos. Normalmente, nuestras seis cuerdas se conectan a nuestro cable, mono, que va a nuestro ampli, uno, mono, y sale por su pantalla, de un altavoz, que es lo más habitual, mono. De hecho, cuando se emplean pantallas 2x12 o 4x12, apostaríamos sin demasiado miedo a perder que la gran mayoría de guitarristas las usan también así, en mono. Sin embargo, en mono o en estéreo es una cuestión que tiene más miga, y más sentido, del que puede parecer.
 
Para empezar, el estéreo no es precisamente algo nuevo. En cuanto a la guitarra se refiere, claro. Estar ha estado ahí desde siempre: los humanos, y cualquier animal con un par de aparatos auditivos, escuchamos el mundo que nos rodea en estéreo. Algo básico, por ejemplo, para saber exactamente de dónde viene un peligro, la comida… o un canto de apareamiento. Por esto no debería extrañar que algunos guitarristas pensaran hace ya tiempo que su sonido podría beneficiarse potenciando esa capacidad estéreo de nuestro sistema auditivo también en origen. Es decir, desde sus amplis y equipos. Probablemente lo lógico sería que siempre sonáramos así, porque es a lo que está acostumbrado nuestro oído. Aunque, ¿cuándo hemos sido los guitarristas personas lógicas?
 
Uno de los principales escollos para montar un equipo estéreo ha sido siempre el exceso de equipaje. A ese ampli del que hablábamos antes habría que sumarle puede que alguno más o, como mínimo, alguna pantalla extra, además de ciertos aparatos de ruteo, en algunos casos, para llevar esa señal que siempre (o casi) sale de nuestra guitarra en formato mono a un par de receptores. En estudio, en cambio, nunca hemos tenido esos problemas. Y por eso es tan habitual que en grabaciones las guitarras suenen en, vaya, estéreo, con abundantes técnicas a lo largo de la historia de la producción musical para jugar con el panorama. Lo contrario suele ser o bien un intento de emular una situación de directo, de darle al sonido un tamiz de realidad física, o una decisión puramente creativa… Para explotar, precisamente, nuestra percepción auditiva biaural.
 
Entonces, ¿por qué no lanzarnos de cabeza al estéreo? ¿Más cuando, hoy en día, cada vez más guitarristas optan por amplificadores digitales (perdón, no me gusta la palabra “emuladores”, porque no hace justicia a algunas grandes unidades de este tipo ahí fuera) que lo ponen bien fácil para salir a mesa, o FOH que suele decirse en jerga de técnico de sonido, en estéreo? Al no hacerlo perdemos la ocasión de llevar algunos de nuestros efectos (delays, reverbs, chorus, flangers…) a otro nivel, de ofrecer, tal vez, una experiencia más rica a quien nos escucha. Aunque también es cierto que, para qué engañarnos, nos quitamos unos cuantos problemas de encima, especialmente si somos de los enchufar y punto o si no confiamos demasiado en nuestro técnico de sonido.
 
Si estás dispuesto a probar, en cualquier caso, te damos un par de configuraciones básicas para aventurarte en las agitadas pero muy juguetonas aguas del estéreo.
 
Pantallas estéreo
Es la solución más efectiva en términos de peso y cachivaches extra que cargar en la furgoneta. Existen muchas pantallas con dos altavoces con capacidad de funcionar en estéreo, por ejemplo. En este caso, se podrían usar un par de cabezales con una 2x12 funcionando en estéreo (o incluso una 4x12). Aunque, en este caso, la imagen estéreo es bastante estrecha, muchos agradecerán no tener que mover dos pantallas separadas. Otra opción muy similar son los combos estéreo que incorporan ya, como es lógico, dos altavoces (como el mítico Roland JC-120). Es, sin duda, lo más cómodo de portar. En este último caso, además, nos ahorraríamos tener que dividir la señal antes de llegar al ampli.
 
Dos amplis, dos pantallas
La opción más versátil y, seguramente, rica en matices, pasaría de todos modos por emplear dos amplificadores con sus respectivas pantallas (o altavoces integrados sin son combos). Y hablamos de versatilidad y riqueza porque esta solución permite emplear amplis distintos a cada lado del estéreo, con timbres diferentes pero complementarios, buscando un sonido más grande y complejo.
 
Esto permite, además, separar cada lado del estéreo sobre el escenario, y lograr abrir la imagen tanto como queramos. Combinando los diferentes timbres de los amplificadores con efectos en estéreo como reverb, delay o algún pedal de modulación, podemos generar tonos memorables. También podemos emplear algunos trucos de estudio, como darle un poquito de delay a uno de los amplis y lograr ese efecto de guitarras dobladas que hace que todo suene gigante. O lanzarnos a la sicodelia con efectos extremos de tremolo o un ping-pong delay. Las posibilidades son infinitas.
 
Unidades de rack estéreo
En los últimos tiempos, muchos guitarristas, tanto a nivel más aficionado como a escala puramente profesional, están abrazando las nuevas tecnologías en amplificación. Unidades como el Axe FX de Fractal (para el que lo de “emulador”, como decía antes, se queda corto) y unas cuantas más en lo más alto en cuanto a calidad se refiere del mercado, ofrecen sonidos prácticamente indistinguibles de un ampli de válvulas real. Con las ventajas que ofrece el procesado digital. Entre otros, poder salir a mesa directamente a nivel de línea y poder funcionar sobre el escenario con monitores (de suelo, tipo pantalla o in-ear). Aunque es también perfectamente posible emplear amplificadores de línea estéreo.
 
Las diferentes posibilidades en cuanto a efectos y ruteos que ofrecen estas unidades, que por defecto suelen funcionar a su salida en estéreo, permiten generar equipos virtuales que exprimen al máximo las opciones del estéreo sin los problemas logísticos de cargar varios amplificadores y pantallas de bolo en bolo.
 
Hoy en días, más que nunca, las opciones para pasarse al estéreo son muchas, y para todos los gustos. ¿Por qué no intentarlo?