Aunque las guitarras Gibson más conocidas tienen nombre propio, como la Les Paul o la Flying V, y, en general, cuerpos sólidos, lo cierto es que algunas de las seis cuerdas más populares de esta casa a lo largo de las décadas han sido guitarras jazzeras, de caja y tapa arqueada, como la Byrdland o la ES-5. Acústicas o semi-acústicas, estos instrumentos de cuerpo grande (no confundir con las versiones “delgadas” tipo ES-335, con cuerpos de apenas 2 pulgadas de grosor) tienen a denominarse por su nombre en inglés, archtop, ya que describen de un plumazo una de sus características principales: la tapa curvada a que hace referencia, vaya... Y, en fin, en español seguimos teniendo algunas deficiencias a la hora de generar términos sencillos para describir ciertos diseños guitarreros que cuyos correspondientes en la lengua de Shakespeare, versátil ella, se convierten directamente en apelativos.

Adscritas generalmente a géneros como el jazz y el blues, pero no exclusivamente, ni mucho menos, entre las archtop se encuentran algunas de las guitarras con más historia de todo Gibson. Así que aquí va un pequeño repaso a alguno de nuestros instrumentos menos reconocidos y sus grandes hitos...

El nacimiento de la archtop
El crédito original corresponde al mismísimo Orville Gibson y sus primeros instrumentos a finales del siglo XIX a partir de sus mandolinas. Pero fue Lloyd Loar quien hizo progresar el concepto archtop en los años 20 del siglo pasado. Concretamente con la L-5, aparecida en 1923, con resonadores en forma de F y avances hoy dados por supuestos como facilidad de acceso a los trastes altos o tapas afinadas armónicamente.

 

L-5 se electrifica
Fue en 1951 cuando esta guitarra fundacional obtuvo su primera pastilla de forma oficial. Antes, el gran Django Reinhardt ya montó a mano una DeArmond durante su gira con Duke Ellington en 1946. Scotty Moore, el guitarrista de Elvis Presley, usó la nueva L-5 CES en muchas de sus grabaciones para RCA. Wes Montgomery fue otro asiduo de la L-5 CES: es la guitarra que se oye en la mayor parte de sus grabaciones clásicas.

La ES-295
Scotty Moore tenía más afición, no obstante, por su ES-295 Goldtop, con dos pastillas P-90. Es la que usó en las primeras grabaciones de Elvis, y se puede ver incluso en algunas portadas. Hoy en día puede conseguirse su versión signature. La original, no obstante, probablemente exceda las posibilidades de la mayoría de bolsillos. Moore la cambió en el 55 por la L-5; más tarde la compró un coleccionista por unos 6.000 dólares, y en los 90 alcanzó el precio de 125.000 dólares. ¿Te imaginas en cuánto estará valorada dos décadas después?

 

Caballo de batalla: ES-175
Algo más pequeña y manejable que la L-5, la ES-175 se consideraba la guitarra del “currante de jazz”. En ella se basaba la ES-295, aunque con acabado dorado y P-90s, y fue la que vino a sustituir a la ES-150 que usaban grandes guitarristas como Charlie Christian o Eddie Durham. Fue la primera Gibson en presentar el cutaway (el típico bocado en el cuerpo) de tipo florentino, y es una de las guitarras que ha estado en producción ininterrumpida desde su lanzamiento, en 1949. Eso son 65 años, nada menos.

 

Gibson L-47
Durante la II Guerra Mundial, los precios de la madera se dispararon, ya que se destinaba principalmente a producir suministros bélicos. Gibson, como muchos otros fabricantes, tuvo que rebajar las características de muchos instrumentos. La L-47 de la época es, pues, uno de los instrumentos menos queridos: aunque bien construida, no dejaba de ser una acústica de jazz sin cutaway. Se produjo solo entre 1940 y 1943.

 

La Super 400 y su versión CES
Cuando llamas a una guitarra “súper”, ya puede ser porque se trate de una muy grande si es que no es porque es muy buena. En el caso de la Super 400, de 1934, se trataba de las dos cosas: cuerpo amplio (de 18 pulgadas), acústica, con puente ajustable, y muchas otras alegrías. Se llamó así porque inicialmente costaba 400$. Cinco años más tarde salió el modelo con cutaway (la 400P), y más tarde apareció la versión eléctrica, Super 400 CES, que también usó Scotty Moore en grabaciones de Elvis, como el clásico 1968 Comeback Special. Es, además, una de las guitarras favoritas de Mark Knopfler...

 

Rara avis: Gibson Byrdland
Es, sin duda, un ave extraña que nació en 1955, poco antes de la ES-335, como un intento de rebajar el grosor de la típica guitarra archtop de jazz. Se bautizó en honor de Billy Byrd y Hank Garland, los guitarristas para los que se construyó originalmente. Entre sus rarezas está su escala, de 23 1/2”, más propia de instrumentos para estudiantes. También que apareciera una versión de 12 cuerdas de la que apenas se fabricaron 20 unidades. Luego está, claro, que sea una de las guitarras preferidas de Ted Nugent, quien demuestra claramente que las archtop clásicas no se circunscriben únicamente a géneros menos revolucionados sónicamente como el jazz o el blues. Pincha el mítico Catch Scracth Fever y lo entenderás.

 

Go, Johnny, Go
Hay quien describe a Johnny Smith como el “Les Paul de la guitarra archtop”. Este guitarrista de jazz, autor del clásico Walk, Don´t Run que hicieron famoso The Ventures, trabajó con varias casas en busca de instrumentos que se adaptaran a sus necesidades. A finales de los años 50, creó junto a Gibson en Kalamazoo uno de los instrumentos de la época más buscados: la Gibson Johnny Smith. Entre sus peculiaridades estaban los controles directamente sobre el golpeador, y una escala de 35 pulgadas. Guitarristas como Robby Krieger o Al Di Meola se han declarado fans de esta guitarra.

 

De Trini López a Dave Grohl
La Gibson Trini López es hoy bien conocida gracias a que su versión Standard es la base de una signature muy en boga: la de Dave Grohl. El propio López siempre prefirió la versión Deluxe, no obstante. Se produjo solo entre 1964 y 1971, siendo la Trini López Deluxe original una de las archtop más difíciles de rastrear, ya que solo se produjeron, curiosamente, 335 unidades.

 

Otras archtop esquivas...
De la misma época data la Gibson Barney Kessel, que no tenía uno sino dos cutaways florentinos. Sin duda, una rareza notable en aquellos años para un guitarrista de jazz del que otro grande, del rock en este caso, como Pete Townshend se ha declarado fan incluso a través de una canción homenaje. Aún más extraña es, no obstante, otra signature: la Gibson Tal Farlows. Solo se fabricaron 215 unidades en su trayectoria inicial, y solo 2 durante su primer año de producción, en 1962. Después de un parón en 1969, se recuperó en 1993.