A veces se nos olvida de dónde viene la guitarra. Estamos tan inmersos en acabados, formas, pastillas, potes y cuerdas que, en ocasiones, pasamos por alto que una eléctrica, por muchos cables que tenga en el interior, no deja de ser un instrumento de madera. Y madera significa árbol. Y árbol quiere decir que, en algún momento, nuestra guitarra, ésa que tanta satisfacción nos proporciona – con sus respectivas dosis de frustración y confrontación, como debe ser -, fue en algún momento parte de un ser vivo.
 
Esto, que para algunos puede parecer un pensamiento sombrío, no debería sino resultar en una reflexión profunda sobre el valor del objeto. No ya el valor material, sino sobre el peso – cultural, natural, histórico, anímico... kármico... ¡cósmico! – de lo que nos colgamos del hombro cuando tocamos. Tampoco es que queramos ponernos excesivamente trascendentes, que no es cuestión de arrancarnos a poetizar sobre el alma inmortal de nuestra guitarra. Pero hay un viaje vital desde que la madera crece en algún bosque hasta que llega a nosotros convertida en cuerpo o mástil, y eso es algo que, de algún modo, todo guitarrista debe aprender a respetar.
 
Por ello, vamos hacer un pequeño repaso al camino que siguen las maderas que acaban convertidas en instrumentos Gibson desde el árbol hasta llegar a tus manos en forma de guitarra. Aunque solo sirva, sin aspavientos líricos, para marcar un poco los hitos de ese camino que muchos dan meramente por supuesto.
 
Recolectar madera
El primer paso, lógicamente, consiste en seleccionar las maderas que acabarán formando los cuerpos y mástiles de las guitarras Gibson. Ésta es una selección cuidadosa, ya que, como todos sabemos, las maderas, sus densidades, peso y dureza tienen un inestimable efecto en el sustain y el tono de una guitarra. Las maderas más habituales suelen ser caoba y arce, aunque otras como el fresno, el ébano o el palisandro son también comunes.
 
El proceso de aserrado
La madera elegida pasa su primera prueba antes de ser aserrada. El primer estadio es el de secado, que se hace en un tipo de horno llamado kiln, y donde se comprueba su grado de humedad antes de pasar a las siguientes fases. Tras esto, la madera se corta en planchas de tamaño cercano a un cuerpo de guitarra o en bloques para producir mástiles. Durante todo este proceso, en la fábrica, un sistema de irrigación especial de agua vaporizada mantiene el nivel de humedad en el aire adecuado de forma consistente, para que la madera no pierda un ápice de calidad.
 
Dando forma a la madera
En el proceso de aserrado, después, un operador selecciona cada madera y la “pre-corta” en la forma de la guitarra que vaya a producirse, sea una SG, Les Paul, Flying V, etc. Después, el control lo toman una serie de sierras y rebajadoras controladas por ordenador donde se acaba de dar la forma definitiva.
 
Cortes sin mácula
Por otro lado, trabajadores expertos comienzan a preparar los mástiles. Se trata de un proceso que se acomete de forma muy cuidadosa: largos bloques de madera (llamados neck blanks, en inglés) se esculpen poco a poco para formar los mástiles de diferentes formas y tamaños de nuestras guitarras. Después, se añadirán los diapasones, antes de que puedan ser lijados y pulidos.
 
Incrustaciones... y más
Los diapasones necesitan también su propia dosis de maestría. Mientras se preparan los mástiles, aquéllos siguen también su camino por la fábrica, recibiendo, por ejemplo, sus incrustaciones de madre-perla o acrílico, según el caso. Luego, se instalan los trastes, otra labor cuidadosa de la que depende en gran medida la calidad final del instrumento.
 
Control de calidad
Cada uno de estos pasos, ya sea dentro de la línea de producción de cuerpos o de mástiles, tiene su propio equipo de control de calidad, para asegurarnos de que cada parada de la futura guitarra transcurre sin problemas y respetando los estándares de la casa. El objetivo es completar el proceso a la perfección. Para ello, buena parte de los procesos puramente constructivos se realizan a primera hora, para que cada detalle pueda ser comprobado y revisado con tiempo. Algunas tareas, en cualquier caso, exigen bastante tiempo de producción, con lo que un constante control de calidad es vital para que la calidad esté asegurada.
 
Secar y pulir
Una vez que los diferentes elementos han sido ensamblados (el remate de los cuerpos, el pegado entre mástil y diapasón, etc.), comienza el período de secado, que normalmente tiene lugar por la noche entre jornadas de trabajo. Una vez el pegamento ha cuajado, hay que lijar y eliminar posibles marcas. Aquí entran en juego grandes lijadoras y trabajadores experimentados en cómo deben lucir y sentirse al tacto guitarras como una Les Paul o una Firebird. De nuevo, el control de calidad es vital. Finalmente, el mástil se une al cuerpo y se deja secar durante aproximadamente media hora.
 
Tecnología y consistencia
La tecnología disponible hoy en día juega un papel fundamental en procesos como el enrutado en la madera de los huecos y agujeros necesarios para ensamblar puentes, pastillas y controles. Máquinas controladas por ordenador se encargan de estas tareas, y grandes avances como el PLEK aseguran resultados consistentes y de primera calidad.
 
A mano...
Lo que no quita para que, una vez la tecnología del siglo XXI ha realizado su labor, las nuevas guitarras no vuelvan a recibir una buena dosis del trabajo a mano de toda la vida. Lijados y sellados son el siguiente paso que, de nuevo, requiere trabajadores expertos con muchos años a sus espaladas para que todo salga como tiene que salir.
 
Chapa y pintura
El último estadio (bueno, casi) es el de la pintura, que ya os detallamos en este otro artículo. Varias capas de pintura y laca después, la guitarra sigue su camino recibiendo más sesiones de pulido y lijado para eliminar restos de pintura (o “pelar la naranja” como se le denomina a pie de fábrica), darle su brillante acabado, y dejar secar varios días tras aplicar la última capa de laca.
 
A éstas alturas, la madera ha recorrido un largo camino, y ha pasado a convertirse en un instrumento que, con el cuidado y el respeto adecuados, podrá seguir entre nosotros durante varias generaciones. Solo falta añadir esos últimos elementos (cuerdas, cables, potes... ) que efectivamente lo transforman en guitarra eléctrica, y dejar que su antigua grandeza en los bosques se traduzca en esa energía que los grandes instrumentos transmiten a los grandes guitarristas para transformar, de nuevo, el mundo del rock y de la música. No sería la primera vez, eso ya lo sabemos.