En líneas generales, la mayor parte de los guitarristas sufrimos pesadillas con el hecho de tener que volar con nuestras guitarras. Literalmente. Es perfectamente común que uno prefiera echarse al cuerpo un insalubre número de horas en coche o furgoneta, apretado con instrumentos, amplis y esas cosas que el batería dice que hacen música, bregando con compañeros de banda charlatanes, olores corporales y elecciones musicales comprometidas… antes que embarcarnos no ya en un avión, sino en todo el incierto proceso de lograr llegar a nuestro destino con la guitarra, principalmente, intacta.
 
Y no es mera paranoia basada en tremebundas leyendas urbanas de instrumentos y equipo malogrados por empleados de aerolíneas pérfidos y malvados. Los ojos de este redactor han visto, desde su asiento de ventanilla en un avión a punto de partir, cómo los estibadores aeroportuarios (uno de ellos, vaya, pero con eso basta) lanzaban con muy poco cariño un estuche de guitarra desde el carrito de transporte a la cinta que sube el equipaje a la bodega del aparato. ¿Llegó indemne esa guitarra  a su destino? Nunca llegué a saberlo, pero el escalofrío aún a me dura.
 
Tampoco es que pretendamos demonizar a esos operarios de aeropuerto encargados de nuestro equipaje. Muchos bultos que mover y cargar, y un horario muy ajustado para hacerlo conllevan que no siempre haya mimo cuando tal vez debería haberlo. Un letrerito en el que dice “frágil” debería mantener su significado pese a todo, en cualquier caso…
 
La normativa con respecto a volar con instrumentos musicales no es, de todos modos, demasiado clara. Y ahí es donde empiezan los verdaderos problemas del músico aerotransportado. Hasta tal punto que, en ocasiones, plantarse en el aeropuerto con un instrumento es la antesala de una serie de largas, a veces duras y agrias, negociaciones para lograr que la guitarra, bajo, o aún violín e instrumentos relativamente menudos, logren acompañarnos en cabina, volar de forma segura en bodega o, en fin, llegar de una pieza a destino.
 
La Unión Europea, a este lado del Atlántico, publicó una resolución a mediados de 2014 por la que debería establecerse una norma general en todo el territorio que regulara y permitiera los instrumentos de mediano tamaño (hasta guitarras, básicamente) volar en cabina sin impedimentos. Con la obligación para la compañía de acomodarlos en un espacio adecuado y seguro, ya fuera compartimento superior o armario ropero. El proceso de que la resolución se convierta en regulación parece, no obstante, totalmente estancado y pocas de las recomendaciones han llegado a cristalizar en nada que haya cambiado el panorama actual.
 
En Estados Unidos se ha llegado a una resolución similar que, en este caso, sí va a convertirse en una norma definitiva que implica obligaciones similares para las aerolíneas. La norma entraría en vigor en el mes de marzo de este año. Lo que ha llevado cierta tranquilidad a los músicos que se mueven habitualmente por espacio aéreo norteamericano.
 
En cualquiera de los casos, hay una serie de consejos que cualquier guitarrista debería tener en cuenta al encaminarse, guitarra en mano, al aeropuerto:
 
Madruga
Es decir, llega temprano al aeropuerto. Tanto si prevés una dura negociación como si no, solo puedes obtener ventajas de facturar con tiempo de sobra. Suele resultar más fácil que te permitan acceder a cabina con tu instrumento. Pero, sobre todo, si te ves obligado o has elegido facturarlo como equipaje, el ir con tiempo te asegurará que la guitarra o bajo transiten hacia el avión sin demasiadas prisas. O que realmente acaben en la bodega del avión…
 
Estuche o funda
En principio, los instrumentos permitidos en cabina deberían transportarse en estuches blandos. Pero, claro, si crees que puedes verte obligado a facturar tu guitarra como equipaje, no te vas a arriesgar a que esto ocurra en otra cosa que un estuche rígido. Una opción intermedia sería alguno de los estuches blandos más recientes que incluyen protecciones de alta tecnología para el mástil y anti-golpes. Puedes, incluso, reforzar la protección de las partes más sensibles (mástil, principalmente) con papel burbuja o similar. Tampoco es del todo raro que se te permita introducir un estuche rígido en cabina, aunque esto es mucho más fácil si vuelas en categorías que no sean “turista”. Lamentablemente, de momento, la única vía es elegir una solución, acudir con tiempo tanto al mostrador de facturación como al avión si pretendes subir tu guitarra a cabina, y cruzar los dedos o encomendarte a un par de santos. O hacerte con una funda de tipo ATA, preparadas precisamente para transportes de este tipo y los rigores de la bodega.
 
Cuidado con la tensión
Y no nos referimos a la que puede surgir entre el sufrido guitarrista viajero y el asistente de vuelo o comandante que se niega en rotundo a aceptar esa cosa en su aeronave (que también, mantén siempre las formas…). Antes de encaminarte al aeropuerto, afloja las cuerdas de la guitarra. Tampoco muchísimo, como un tono o tono y medio. En una bodega de avión, la guitarra está expuesta a muchos y fuertes cambios de temperatura. La tensión habitual no es nada recomendable en una situación así, pero sí hace falta algo de tensión. Así que tampoco peques por exceso.
 
Identifica tu guitarra
Tanto si la llevas como equipaje de mano, como si, especialmente, vas a facturarla, recuerda identificar debidamente tu guitarra. Pon alguna etiqueta en el exterior con tus datos, dirección y forma de contacto. Y, ya puestos, también en el interior. Por otro lado, si tienes la factura localizada, no es mala idea llevar una copia encima para evitar posibles confusiones y malentendidos en aduanas, en el caso de vuelos internacionales.
 
Cuestión de cerraduras
Si vas a cerrar el estuche de tu guitarra (y quién no lo haría), ten en cuenta que el personal del aeropuerto puede verse obligado a abrir el estuche para inspección. Y tiene derecho a hacerlo. Aunque esto suponga reventar la cerradura del estuche. Usar algún tipo de estuche con cerraduras tipo TSA (un estándar que ya incorporan muchas maletas), para las que los operarios de seguridad tienen llaves con las que pueden abrir y volver a cerrar en caso de necesidad, pueden ahorrarte algún que otro disgusto.
 
Invierte en tu billete
Por último, valora si merece la pena hacer una poco más de inversión a la hora de comprar tu billete. Ya sea en forma de seguros extra, ampliaciones de la cobertura del seguro de viajero habitual para bienes dañados o perdidos, o, directamente, volando con compañías que puedan ponerte más facilidades, permitir llevar más equipaje o asegurar mejor tu instrumento en caso de que ocurra lo peor de cara a reclamaciones posteriores.  Aunque en el mundo del rock solemos decir lo contrario, a veces, más significa realmente más.