Página Oficial Gibson ES-335 Studio

Todo el mundo quiere tener una ES-335. O casi. Es una de esas guitarras icónicas, majestuosas si me apuras, que hasta el más curtido guitarrista mira con chiribitas en los ojos y cierto hormigueo entre los dedos cuando algún estuche se abre para dejar entrever una. Aunque solo sea, sencillamente, por una cuestión estética, de puro deseo por ese – habitual – cherry red hipnótico, esas curvas que hablan de historia del rocanrol, y esos agujeritos coquetos en forma de “f” que resuenan a tradición e innovación al mismo tiempo.
 
En resumen, la ES-335 es uno de esos instrumentos a los que uno aspira, si no como herramienta principal, sí al menos como parte de la colección y paleta de timbres de nuestro arsenal. En muchos casos, no obstante, el esfuerzo económico que puede suponer hacerse con una queda fuera del alcance de algunos bolsillos. Y aquí es donde entra en juego la ES-335 Studio. De forma muy similar a como pasa en el caso de la Les Paul y su hermana menor, pero no por eso peor avenida, la Les Paul Studio: una guitarra que se ha convertido en la seis cuerdas de referencia para aquellos músicos que buscan el tono y el tacto de una Les Paul pero pueden pasar perfectamente con una estética más modesta y alguna característica más asequible.
 
La ES-335 Studio comparte esa filosofía de acercar todo lo esencial y más característico de una guitarra mítica a cualquier bolsillo. A diferencia de aquellas primeras Les Paul Studio, ésta 335 es más modesta en términos estéticos, pero sin dar la apariencia de haber perdido buena parte de su personalidad por el camino. Es decir, la 335 Studio se ve como una 335 de toda la vida, solo que algo diferente, un poco más sencilla: una guitarra completa, bien diseñada, solo que con una etiqueta de precio más para todos los públicos.
 
Tiene, además, sus propias cosas que decir. El ribeteado en negro, por ejemplo, le da un aire oscuro, casi misterioso, que seguramente encontrará su lugar especialmente en bandas de corte más alternativo o incluso gótico. Lo que no entra en conflicto, paradójicamente, con que sus líneas clásicas evoquen un poco de blues. O que las pastillas que monta, la Super 57 Classic Humbucker en el puente, sin ir más lejos, ofrezcan suficiente mordida como para dedicarlas al punk, pero también la calidez que exigen sonidos más hard-rockeros. Y como no deja de ser una 335, su tono natural encaja perfectamente en entornos de jazz fusión.
 
Las humbucker 57 Classic (mástil) y Super 57 Classic (puente) están diseñadas buscando el timbre de las PAF originales. Entregan, por tanto, los graves apretados, los brillantes medios altos y los agudos claros que uno esperaría de aquellas. ¿Más detalle? Son humbuckers de Alnico II, con bobinas simétricas y enrolladas siguiendo niveles de salida de corte vintage. Aunque la pastilla del puente es algo más potente para equilibrar la pareja. Donde sí puede notarse un poco más ese acomodamiento a todos los bolsillos es en la electrónica, con solo un control de volumen y uno de tono que controlan ambas pastillas. En lugar del tradicional dos volúmenes / dos tonos para controlar cada una de forma independiente.
 
Como cualquier 335, lo de semi-hueca no solo tiene que ver con el tono, también con el peso. Aunque es una guitarra con cierto volumen, resulta ligera… ¡Los resonadores no están ahí porque sí!
 
En resumen, se trata de una gran guitarra, a un precio más que asequible, y que no solo recoge todo lo esencial de un instrumento mítico como la ES-335: timbre, variedad de sonidos, sensaciones, tacto. Es que, además, supone en sí misma una desviación en lo visual que de algún modo es única en esta línea, desligándose hasta cierto punto de los géneros a que aquella suele asociarse. Aunque se maneje en estos a la perfección, la ES-335 Studio es, en buena medida, una guitarra que no te marca qué tienes que tocar con ella. Y eso de alguna forma es todo un valor en sí mismo.