Tanto si llevas mucho tiempo dando tumbos de formación en formación, como si estás dando tus primeros pasos más allá de la comodidad de tu cuarto, en el que llevas meses o años perfeccionando con tesón tus habilidades como guitarrista, tarde o temprano tendrás que enfrentarte al duro reto de la formación de una banda. Es aquí, rodeado de otros músicos, donde ocurre realmente la magia, y donde el “tocar” puede alcanzar niveles que no esperabas y reportar un grado de satisfacción que, ya lo sentimos por todos ellos, ningún guitarrista de dormitorio puede siquiera imaginar.
 
Pero formar una banda es un trabajo duro. Y hacer que sobreviva en el tiempo, lo es aún más. Si pensabas que un matrimonio daba faena y exigía compromisos, prepárate a sudar para conseguir que tu banda permanezca a flote, nadie acabe lanzándose los amplificadores a la cabeza y la cosa llegue a buen puerto.
 
¿Cómo, que exageramos? Ay, amigo, si realmente lo piensas, realmente nos alegramos por ti. Sí, un grupo musical debería ser una formación en la que el trabajo y la diversión combinarán como limón y tequila, las cosas ocurrieran de forma orgánica y natural, y a nadie le resultara difícil encontrar su sitio. Pero mucho nos tememos que no siempre es así. Algunos incluso te dirán que casi nunca es así. Lo cual exige un grado de concienciación importante, mucha paciencia y muchas ganas de hacerlo funcionar. Y que exista química entre los integrantes, claro, un elemento esencial pero que no basta por sí solo. Aquí os dejamos algunos consejos para que montar y mantener una banda no acabe con tus energías ni tu vocación...
 
Colegas vs. Anuncios clasificados
El primer paso para montar un grupo es, por supuesto, encontrar músicos. Dependiendo de la naturaleza de la formación, puede que este proceso sea algo natural y que no requiera esfuerzos: un grupo de colegas tocáis diferentes instrumentos y decidís casi de forma espontánea juntaros para tocar y ver qué pasa. ¡Perfecto! Cientos de grandes bandas han comenzado así... y a casi todas les ha ido regular.
 
La cuestión es que ser amigos no garantiza el buen devenir de una formación. Y mucho menos que, por muy bien que os llevéis en lo personal, vayáis a hacerlo en lo musical. No descartes, por timidez o pereza, el buscar otros músicos a través de tu sistema de anuncios clasificados preferido: foros, revistas, tablones de anuncios... Nunca sabes cuándo vas a dar con algún alma gemela musical, y te aseguramos que es relativamente fácil darse cuenta de cuándo congenias con alguien tocando música en vivo y cuándo no. Bastan un par de ensayos para comprobar si la química está ahí o puede llegar a surgir. Y si no lo hace, no habrá relaciones personales que se interpongan en decisiones puramente musicales...
 
Y si prefieres aferrarte a tus amigos, lo que nos parece lógico y normal, intenta que lo relativo a la banda no tenga consecuencias más allá del local de ensayo. Desde la experiencia te lo decimos...
 
Democracia vs. Dictadura
Todos hemos intentado que nuestra banda fuera una democracia honesta y sincera, donde cada integrante tuviera la misma capacidad de decisión en cada aspecto del grupo... ¡Y todos hemos fracasado estrepitosamente más tarde o más temprano! No, no queremos decir que una banda deba estar dirigida necesariamente por una mano dura, implacable y dictatorial. Pero hazte a la idea de que la gran mayoría de grupos no funcionan realmente como una democracia.
 
Lo normal es que exista alguien que lleve la voz cantante (¡chiste!), que suele ser, por cierto sentido lógico, quien lleva el peso de la composición y/o el espectáculo en directo. Esto es así, sin duda, en proyectos más personales, donde un artista o compositor se rodea de músicos para sacar adelante su propio material. Pero en aventuras más colaborativas es también habitual. Y, como decimos, relativamente lógico: no todo el mundo aporta lo mismo en una banda, y los callejones sin salida a los que avocan muchas votaciones pueden llegar a ser desesperantes y poco o nada operativas. El ritmo de trabajo se ralentiza o bloquea, la ilusión y el impulso se van perdiendo, y la cosa acaba mal.
 
Lo mejor es encontrar un término medio, en el que alguien lidere de alguna forma la línea musical de la banda, pero no convierta algo colaborativo en su juguete particular ni pretenda imponer decisiones. Y donde los egos se dejen a un lado por el bien de la formación. Y porque lo que se hace es satisfactorio y divertido para todos, demonios, que de eso se trata.
 
Aunque visto así y con esa actitud, cualquier banda estrictamente democrática debería funcionar, ¿verdad?
 
Batallas de egos
Ésto es, en el fondo, lo que mata a muchas formaciones y hace, precisamente, que lo democrático acabe por no funcionar. Cuando en una banda uno, varios o todos los miembros llegan al local con el ego crecido, la cosa acabará mal con toda probabilidad.
 
Con batallas de egos nos referimos a intentar imponer decisiones por el mero hecho de que son propias, y no porque convengan más o menos al grupo. Un riff determinado, un cambio de acordes, un redoble, un estribillo más o menos para cerrar el tema, un solo aquí o no, una colaboración... Los músicos, a veces, nos ponemos muy cabezones, y ésa es la mejor receta para que todo vaya mal cuando se trata de crear algo juntos.
 
Líos de faldas
Ojito con las relaciones sentimentales dentro de la banda. Aunque en la música es un poco contradictorio lo de no mezclar el placer con el trabajo, hay que reconocer que hemos visto caer muchas formaciones porque sus miembros han comenzado a salir unos con otros, ha saltado la chispa de los celos o los rencores entre exes, y el asunto ha resultado ingobernable.
 
¿Quiere esto decir que tu banda debería estar formada solamente por miembros de un solo sexo y heterosexuales o mantener un estricto celibato? No, por supuesto... ¡acabáramos! Pero sí que, en el calor de la noche y el fervor del rock, mantengáis un poco la cabeza fría y antepongáis el grupo, si realmente os importa, a otras cuestiones personales. Y hombre, si puedes no liarte con la novia del batería, o poner los cuernos al bajista con el guitarrista... ¡mejor que mejor!
 
La importancia de la sincronía: estilo musical
Esto es un poco de perogrullo, pero a veces parece no dársele importancia hasta que la cosa estalla: es importante que todos los miembros del grupo compartan una visión musical. Esto es, un estilo en el que enmarcarse o del que partir, y una misma dirección en la que caminar. Esto no significa necesariamente que todos tengáis que escuchar la misma música o ser fans de los mismos grupos: de hecho, de la diversidad de referentes salen la mayoría de las veces los proyectos más interesantes. Pero sí que cada uno no intente barrer para su casa, como se dice popularmente. En el momento en que te das cuenta de que te gustaría estar haciendo otro tipo de música, es que seguramente esa banda no es para ti. Y te aseguramos que es más fácil buscar o formar otra, que intentar forzar un cambio de dirección contracorriente en la actual.
 
La importancia de la sincronía: ritmo de vida
Otro de los principales motivos por los que una banda fracasa, es porque sus integrantes llevan ritmos de vida irreconciliables. Esto puede significar que varios miembros estén casados y tengan hijos, mientras otros sean solteros con pocas responsabilidades laborales y familiares, por ejemplo. Pero, más allá de circunstancias concretas, se trata de que si no compartís todos la misma actitud hacia la banda, ésta no funcionará. Lo que es mucho más fácil de decir que de lograr, todo quede dicho...
 
Nuestro consejo: acordad bien los ritmos de la banda y los objetivos que queréis alcanzar con ella (¿aspiraciones profesionales, mero hobby, etc.?), y respetad esa decisión sin dejar de ser pacientes con las circunstancias del resto: nunca sabes cuándo será tu vida la que se complique y te reste a ti tiempo para ensayar. Otra solución: buscar gente en circunstancias personales similares en el momento de formar la banda. Aunque lo que pase a partir de ahí será igualmente impredecible... ¡así es la vida!
 
El local de ensayo
La búsqueda de local de ensayo es todo un arte y, a veces, un trabajo a jornada completa en sí mismo. Tan solo un consejo rápido: intentad que el local sea igual de accesible para todos... más o menos. Si a ti te cuesta 15 minutos andando llegar al local, pero tu bajista tiene que cruzarse la ciudad entera en coche, atascos incluidos, igual no es la mejor opción, por muy bien que te venga. Lo mismo con la cuestión económica: un local caro y poco tiempo para ensayar, por ejemplo, es otra receta infalible para que las cosas vayan mal...
 
Encontrad ayuda y dividid tareas
Para todo lo que haga falta: montar una banda es más fácil y llevadero si lo haces junto a alguien, en lugar de tu solo, para empezar. Pero, una vez formada, habrá varios aspectos ajenos a tocar y componer para los que no estaría demás contar con ayuda. Por ejemplo, para buscar conciertos: haceos con un manager, o involucrar a algún amigo para que lo haga a cambio de un porcentaje de vuestro caché. Es otra de las cosas que acaban saturando en una banda al miembro que, como ya lo hace él y lo hace bien, es el único que busca dónde tocar en directo. Lo mismo ocurre con la logística de cada show: cargar y montar instrumentos es agotador, con lo que, si no podéis permitiros a alguien que os eche un cable, divid equitativamente las tareas. Ya, el cantante solo necesita mover un micro, pero que le eche una mano al batería al menos, ¿no?