En el apasionante, a veces escabroso mundo de los pedales para guitarra, la combinación es un poco la madre de todas las salsas. Montar una pedalera que parece el panel de control de un centro espacial tiene sentido, en buena medida, porque se van a combinar unos cuantos de ellos para lograr nuevos efectos. Concretamente, los que más suelen “apilarse” - como decimos a veces castellanizando sin tapujos lo que en inglés se denomina “stacking” – son los pedales de distorsión y overdrive. Un fuzz con un booster, un Tubescreamer con una distorsión… Pero, ¿son los únicos tipos de pedal de efecto que pueden combinarse entre sí mismos?
 
La respuesta es no, claro. En el fondo, cualquier podría activar al mismo tiempo los pedales diferentes que le diera la gana. El resultado estaría entre lo sónicamente insoportable, azar mediante, hasta el nuevo sonido que definirá el próximo gran género del rock (a esto no lo llamaremos azar, será inspiración…). No obstante, está más o menos contrastado que algunos no casan muy bien con otros, y que aquellos otros lo hacen estupendamente bien con los de más allá. Entre estos últimos están, sin ir más lejos, además de las inagotables distorsiones, los delays.
 
Combinar o encadenar diferentes tipos de delay es un desafío que puede dar lugar a hallazgos muy interesantes. Es probable que, especialmente para los guitarristas más noveles en esto de los efectos, la idea de apilar dos unidades que añaden cierto grado de aleatoriedad e inundan el sonido de repeticiones pueda estar algo más allá de la mera comprensión. Más ante el potencial peligro de embarrar nuestra señal y convertirla en un muro impenetrable e indiscernible. Pero lo cierto es que, con algo de cuidado y una idea más o menos clara de hacia dónde queremos ir; o justamente lo contrario, sin pensarlo demasiado y animándose a experimentar sin complejos, uno puede lograr sonidos únicos y particulares. O, cuando menos, útiles. Y si no que se lo digan a The Edge…
 
¿Delay corto? ¿Largo? ¡Ambos!
El cóctel de delays más habitual es precisamente este, en el que se combinan dos efectos con retardos completamente dispares. Lo normal, uno muy corto y otro muy largo. La idea es que el delay corto con pocas repeticiones – o solo una - haga las veces de pseudoreverb. Ese slapback que se ha hecho clásico a base de ser usado tantas y tantas veces en grabaciones de todo género para dar ese nosequé extra y algo más de profundidad a voces y otros instrumentos.
 
Sobre este slapback podríamos echar uno largo mucho más generoso en repeticiones, y el combinado resultante sabría un poco a surf. O un mucho, según los ajustes y los pedales que use cada uno. Pero, en general, encontraremos que las repeticiones del uno rellenan los huecos y terminan de engordar aquello que el slapback había empezado.
 
Retardos en estéreo
Otra opción, aunque aquí no apilamos tanto como combinamos, es usar diferentes delays en estéreo. Una técnica usada desde hace décadas en estudios – como entremezclar un delay corto con uno largo -, y que da una sensación de profundidad deliciosamente musical. En aplicaciones en directo esto suele ser más factible si se usan dos amplificadores diferentes, de manera que un delay conduzca la señal a uno, y el otro, al susodicho. Con los amplis paneados, completamente o más o menos abierto el panorama, según gustos, se logra una sensación estéreo, y casi de estar oyendo más de una guitarra al mismo tiempo, espectacular.
 
Analógico y digital
El paso más allá en cualquiera de las opciones que hemos visto pasa por poner uno junto a otro, o uno encima de otro, un delay analógico y uno digital. Este aportará unas repeticiones limpias, cristalinas (artificiales, dicen los que no comulgan con los digitales), mientras que el delay analógico aportará calorcito y esa degradación progresiva de la señal que tanto hemos aprendido a amar.
 
La cosa se puede poner aún más interesante si añadimos a la coctelera un tercer pedal. Por ejemplo, algún tipo de versión o emulación de eco de cinta, con sus características distorsiones (flutter, wow). Podemos experimentar hasta el infinito, y lograr texturas en que repeticiones diáfanas con diferentes grados de retardo se combinan con distorsión y modulación de diferentes tipos, en una amalgama que, con un buen uso de un tap tempo, mantiene un pulso al ritmo de la canción que añade dimensión y complejidad. Y que, cuando tengas bajo control, te permitirá crear atmósferas propias.
 
Del derecho y del revés
Otra combinación imposible que, en el fondo, no lo es en absoluto, pasa por apilar un delay corriente, por decirlo de alguna forma, con uno en formato reverse. De esta forma, la señal original y las repeticiones del primero serán procesados por el primero creando… ¡creando un caos muy divertido! Eso sí, por la salud mental del personal, un buen tap tempo es esencial cuando uno se adentra en combinados complejos y agresivos. De otra forma, se pueden atragantar. Como los malos cócteles, vaya.