Tocar la guitarra, por mucho glamour que puedan encontrarle tus amigos y familiares más allegados, esa nueva novia que te has echado o el sobrino que te mira como a un héroe recién llegado del Olimpo, a veces se convierte en una labor ciertamente ingrata. Licks que se resisten, técnicas que se nos atraviesan o, simplemente, rachas en las que uno no acaba de ver que avance hacia ningún sitio pueden provocar que hasta el guitarrista más curtido sufra una crisis y que reconciliarse con la guitarra se convierta en un cuestión de primera necesidad.
 
Nuestra relación con la guitarra es un proceso de aprendizaje continuo. Y aunque uno alcance mesetas en las que se siente cómodo y a gusto con su técnica y aptitudes, pudiendo desarrollar una labor en una banda con soltura, pasándolo bien y haciendo crecer a la formación, la verdad es que tarde o temprano aparece la necesidad de llegar a algún lugar nuevo, de subir algún escalón… De sentir, en definitiva, que seguimos desarrollándonos, que somos capaces de nuevos logros, más exigentes, y de incorporar cosas nuevas a nuestra técnica y nuestra música.
 
Cuanto esto no acaba de ocurrir, es igual de frecuente el sentirse frustrado, considerarse mal guitarrista y caer en una apatía que no hace sino agravar el problema, las malas sensaciones y la decepción. Por mucho que tu sobrino siga admirándote cada vez que te ve tocar la guitarra en reuniones familiares, tú no acabas de ver que hagas nada especial, ni que puedas llegar a hacerlo. Aquí es cuando esa reconciliación es del todo urgente. Así que vamos a daros cinco pequeños consejos para convertir ese círculo vicioso en uno virtuoso.
 
Relájate y recuerda por qué tocas
Para pasarlo bien, ¿no? Fue, básicamente, por lo que agarraste la guitarra la primera vez. Veías a tus héroes musicales y pensabas que aquello debería ser condenadamente divertido. Y, efectivamente, lo es. Y, en mayor o menor medida, cada vez que te subes al escenario, los emulas un poco. Y para un puñado de personas, te conviertes durante un rato en uno de ellos. No está demás tener presente esto…
 
En cualquier caso, conviene recordarse a uno mismo de cuando en cuando que lo de tocar la guitarra es ante todo pasión y afición, y que nunca debería dejar de serlo aunque acabe convirtiéndose en una forma de vida o carrera profesional. Cuando deja de ser divertido, el público lo nota. Y si no es por ellos, hay que recordarlo por uno mismo… Repite con nosotros: tocar la guitarra es j***** divertido. Lo demás, llega solo tocando.
 
Busca la inspiración, ponte metas
A veces, cuando uno toma la guitarra y no sabe qué narices hacer con ella, la solución pasa por buscar algo de inspiración. Esta puede tomar muchas formas, y depende de cada uno: desde ponerse algo de música cargada de buenos riffs que te pongan a marcar el tempo con el pie y hacer un poco de headbanging, bombeando endorfinas musicales y despertando el gusanillo de hacer rugir tu guitarra, hasta parar un rato para ver vídeos de tus guitarristas favoritos poniéndote los dientes largos con su saber hacer. O puede significar hacer algo completamente distinto: salir a montar un rato en bici, cocinar la cena para la familia, leer un libro, ¡o reordenar tu pedalera!
 
La inspiración también puede llegar marcándote metas: ser capaz de tocar el solo de ese tema de Mastodon que te vuelve loco en la próxima semana, o repasar todos los riffs de Them Crooked Vultures (por decir un par de grupos cualesquiera) pueden convertirse en acicates que te empujen de nuevo sobre la guitarra con nuevos ánimos. Que no te preocupe que no tenga que ver necesariamente con el estilo de tu banda, o con ese tema que tenéis que terminar de componer y tienes atragantado. Los caminos de la inspiración son inescrutables. Y en la guitarra, como en el amor, en la guerra y en el show business, todo vale.
 
Prueba algo nuevo
Una de las situaciones más frustrantes en la guitarra es darse cuenta de que uno acaba tocando una y otra vez lo mismo. Los mismos licks en los solos, la misma cadencia de acordes o intervalos en los riffs, la misma estructura de canción. Más que reconciliarse con este hecho, lo que hay que hacer es cambiarlo: prueba a componer ese tema usando una afinación alternativa, apréndete un par de solos que te pongan como una moto y adapta alguno de sus arreglos, o prueba a meter en tu canción un acorde que no hayas usado nunca, conviértelo en una obligación y déjate llevar por las musas. A veces, un desafío es lo único que hace falta para que reaparezca el entusiasmo.
 
Estudia
En el rincón opuesto está la metodología. Si no acabas de encontrar la inspiración en otros artistas o en nuevas técnicas, tal vez lo único que necesites para romper con la apatía que te provoca sentirte estancado sea aplicar un poco de estudio old school: sentarte, guitarra en mano, encender tu metrónomo y practicar esas técnicas en las que quieres progresar. A veces, una sencilla sesión de gimnasio guitarrero es más que suficiente para ponerte en forma, liberar toxinas (y la mente) y reencontrarte contigo mismo y tu técnica. Quién sabe, es posible que descubras que tienes más agilidad de la que suponías, que puedes tocar más rápido de lo que creías, que afinas mejor los bendings de lo que recordabas, y que navegas mejor por el mástil de lo que dabas por supuesto. Y eso puede ser el empujoncito de confianza que te hacía falta para retomar tu afición con energías renovadas.
 
Cambia de lugar
Por último, un sencillo cambio de emplazamiento puede ayudarte a generar otro tipo de energía cuando tomas la guitarra. Tal vez tu próxima sesión no debe ser en casa, cerca de la tele, o los niños que no acaban de dejar que te concentres; y debes trasladar tu lugar de práctica al local de ensayo. O animarte de una vez por todas a participar en esa jam del bar local a la que lleva apeteciéndote tiempo incorporarte. Nunca menosprecies lo que un cambio de ambiente puede suponer para tu forma de tocar en un momento determinado.