Revisando recientemente nuestros archivos nos topamos con la edición de Junio del 2007 de la revista Paste, en la que Brian Howe comienza su reseña de Year Zero de Nine Inch Nails preguntando "¿Ha habido algún género que haya envejecido peor que el grunge?" (Al parecer, este no ha oído hablar del freestyle). Más adelante defiende a Nirvana pero procede a atacar a bandas de la talla de Pearl Jam, Soundgarden, Mudhoney, Alice in Chains y Stone Temple Pilots, y después, finalmente, logra concluir su evaluación de la entonces más reciente ofrenda musical de Trent Reznor.

A pesar de que personalmente creemos que sólo los antes mencionados Mudhoney se les puede realmente definir como grunge, mordimos el anzuelo que nos tendió Howe y nos lanzamos a investigar qué tanta razón tendría el análisis inicial de este. Decidimos, pues, crear un playlist en nuestro de iPod con la música del poderoso Soundgarden y así redescubrir y familiarizarnos una vez más a nivel crítico con el material de esta gran banda.

Primeros en firmar con una discográfica multinacional, pero la última de las grandes bandas de Seattle de los 90s en lograr trascender la escena de sus orígenes de manera contundente, el primer material grabado por Soundgarden no está muy lejos de las canciones que los hicieron los dioses del hard rock que fueron brevemente. Ya sea que su oferta inicial Ultramega OK y el nominado al Grammy Louder Than Love (¡gran título, no?!) han envejecido bien o no es un punto discutible. Ambos son, como es todo el catálogo de Soundgarden, discos y artefactos altamente representativos de la época y el lugar en que se crearon. Y como tal han de resistir tanto el escrutinio como el análisis de audiciones repetidas. Por supuesto, su kilometraje podría variar.

Habiendo dicho esto, hay que aclarar que el tipo de sutileza, matices y atención a detalles que caracteriza a Superunknown, su cuarto y mejor conocido álbum, nunca fue evidente de esta manera en sus discos anteriores. Ciertamente, no lo fue en sus dos primeros lanzamientos de larga duración y tampoco en el disco que los lanzó a la popularidad en 1991, Badmotorfinger, a pesar de que en este último se evidencia un desarrollo marcado en relación a todos y cada uno de los aspectos del trabajo anterior de la banda. El sonido de Soundgarden se encontraba en la intersección donde residen Black Sabbath, Led Zeppelin y el punk. En Superunknown hábilmente agregaron elementos de pop y psicodelia y concibieron lo que es ampliamente reconocido como el mejor disco de hard rock de la década.

Y es que cuando se escucha con atención los 70 minutos de esta obra detalladamente elaborada pero a la vez cargada de espontaneidad y emoción, se puede percibir el que la banda sabía que estaban en pos de algo grande; que sus composiciones se habían elevado a otro nivel y que tanto la necesidad como la posibilidad de hacer una declaración musical que perdurase estaba en el aire. Sin embargo, unirse en el estudio a un colaborador que no estuviese transmitiendo en la misma frecuencia que estos podría fácilmente descarrilarlo todo de manera irreparable. Por suerte, Michael Bienhorn, ex tecladista de Material, le dio al sonido de la banda y a estas canciones en particular, una producción panorámica y accesible que le dio el merecido despliegue y presencia a las mejores cualidades sonoras de Soundgarden.

En cuanto a las canciones en sí, los sencillos "Spoonman", "Fell On Black days", "Alive in the Superunknown" y, por supuesto, el éxito pop "Black Hole Sun" fueron una parte ineludible de las vivencias de a mediados de los años 90, en cuanto a MTV y la radio de ese entonces se refiere. Pero un álbum tan profundo como este ha de ofrecer recompensas abundantes, especialmente con el pasar del tiempo: además de las canciones anteriores, el lamento de "Like Suicide"; la desafiante "My Wave"; “Mailman”, compuesta exclusivamente por el baterista Matt Cameron, con la dualidad de su pesadez y penumbra tipo Black Sabbath y matices psicodélicos; y la sombra apocalíptica de "4th of July", son una gran parte de lo que hace Superunknown un hito en la discografía de Soundgarden, uno que ofrece una representación impresionante de este importante cuarteto de rock pesado a la altura de sus poderes.