Todos tenemos muy claro cómo suena un phaser. Ese pequeño artefacto que, de los estudios, pasó directamente a los pies de guitarristas como Eddie Van Halen gracias al clásico Phase 90 de MXR, se convirtió pronto en un efecto muy usado en diferentes situaciones, normalmente para dar algo de movimiento y, por qué no, dramatismo a ciertos pasajes musicales. Eddie lo usó en Eruption, y de ahí saltó, casi, casi a todas las pedaleras de los guitarristas más aficionados a los pedales. Y sin perder apenas un ápice de popularidad con el transcurso de las décadas, al contrario de otros efectos, como el flanger, o el chorus, que parecen disfrutar de más o menos presencia en equipos y grabaciones según la tendencia del momento.
 
Van Halen no fue el primero en usar un phaser, por supuesto. De hecho, se trata de uno de los efectos que marcaron el cambio de sonido entre la década de los años 60 y los 70. Por ejemplo, el Uni-Vibe que usó Jimi Hendrix y tantas y tantas canciones era en sus entrañas, por muy confusas que puedan parecer las etiquetas en la superficie, un phaser. Brian May dio también buena cuenta de este efecto en muchas grabaciones de estudio, y el phaser se fue popularizando hasta que, como tantas otras cosas, Eddie lo llevó a otro nivel.
 
Uno de los primeros phasers en ser comercializado en formato pedal como tal, tras el interés que surgía por este efecto en los estudios, fue el Maestro PS-1, lanzado en 1971. Sin embargo, no hay que confundir éste y sus variantes pretéritas o futuras con ese otro efecto del que se abusó bastante durante la década anterior, llamado por entonces también “phasing effect”, que en realidad consistía en un flanger generado manipulando dos máquinas de cinta.
 
¿Qué es un phaser?
Es, por tanto, el momento de explicar qué ocurre en las entrañas de un phaser. Y por qué no es lo mismo que aquel flanger con el que se bautizó una cosa que no era pero que luego sería. ¿Lioso?
 
Un flanger es, básicamente, un efecto de tiempo: tomamos una copia de una señal, la retrasamos en el tiempo en cantidades minúsculas, y la mezclamos de nuevo con la señal original. Este desfase en el tiempo provoca un filtro de peine, lo que, mediante la oscilación del retraso, provoca el efecto que conocemos como flanger.
 
El phaser, en cambio, no es un efecto de tiempo. Lo que ocurre en el interior de uno de estos pedales es, básicamente, que la señal de entrada se divide en dos y una de las copias se procesa con un filtro “todo-banda” que altera la fase de la señal y mantiene el volumen. Al mezclarlas de nuevo, este cambio de fase provoca picos y cortes en la nueva señal, que se mueven a lo largo del rango de frecuencias gracias a la acción de un oscilador. De ahí el efecto de movimiento y el nombre que le damos.
 
Para complicar un poco más las cosas, y hacer que los guitarristas solo podamos pensar en dejarnos el sueldo en más y más cacharritos, los diseñadores introducen diferentes instancias en las que la señal es cambiada de fase de nuevo. El Uni-Vibe de Hendrix tenía cuatro, pero es fácil encontrar phasers de seis, ocho y hasta diez instancias (en versiones digitales, más incluso). El número de instancias, al final, determina cuántos cortes afectarán a nuestra señal: generalmente, la mitad de cortes que de instancias. Uno de cuatro, por tanto, generaría 2 cortes (y tres picos de resonancia) que oscilan a lo largo del espectro de frecuencias. Precisamente este tipo de phaser, de cuatro instancias, suele ser el preferido de los que buscan sonidos más clásicos o vintage.
 
En definitiva, un phaser no es más que un filtro que movemos a lo largo del rango de frecuencias de nuestra señal. De ahí que muchos no tengan demasiados controles con los que jugar. Pero, a fin de cuentas, probablemente ese haya sido uno de los secretos de su éxito: enchufar, girar un pote, y lanzarnos a tocar. Y a disfrutar.