En un principio, no había pedales. Los guitarristas enchufaban sus guitarras a su amplificador y el cable que unía ambos artefactos era toda la relación que existía entre ambos, además de las manos del propio músico. Sin embargo, la experimentación en estudio empezó a plantear que otros sonidos eran posibles – delay, distorsión… - y comenzó la búsqueda para poder replicar estos sobre un escenario. Algunos amplificadores empezaron a incorporar complementos para ellos (trémolos, tanques de rever…), pero la explosión de los efectos para guitarra empezó cuando algunas mentes innovadoras descubrieron la forma de poner a los pies de los guitarristas, literalmente, todo un repertorio de procesos para poder alterar su sonido en tiempo real sin tener que alejar las manos del diapasón…
 
En ese segundo principio, todo era analógico. Y, durante décadas, guitarristas de todo género y estilo han ido construyendo sus nada inmutables pedaleras a base de componentes electrónicos encapsulados en pequeñas cajitas metálicas que pisotear sin miedo en los momentos clave de su música. Cajitas que han permitido y permiten tener al alcance toda una paleta de colores tonales con que pintar paisajes sonoros de cualquier tipo: desde los contrastes entre el sonido limpio y la distorsión más extrema, hasta la psicodelia de los efectos de modulación usados sutilmente o abusados sin contemplaciones.
 
De nuevo, el tiempo siguió pasando, las pedaleras se fueron complicando y las necesidades de los guitarristas aumentando, al dar por sentado que ciertos, o muchos, efectos están ahí para usarse. Hoy en día no es raro ver pedaleras enormes a los pies de los guitarristas más juguetones, y rigs de profesionales que son un auténtico laberinto de señales que van, vienen, se dividen y se vuelven a encontrar para generar esos tonos, únicos en la medida de lo posible, que pueden marcar la diferencia. Y entonces, llegaron los multi-efectos digitales…
 
La idea era buena, en origen: aprovechar las capacidades digitales para sustituir kilos de equipo analógico por un procesador, o un par de ellos, que contuvieran todo lo necesario. No son un invento de hace cuatro días: ya en los 80 y noventa encontramos abundantes ejemplos de procesadores de efectos digitales. Aquellos, por un momento, parecía que acabarían arrinconando a los pedales analógicos. E, incluso, llegaron a suponer una tímida amenaza para el imperio de la válvula cuando los primeros emuladores de amplificador llegaron al mercado. Pero las limitaciones de lo digital, en aquellas décadas y en aquéllos ámbitos (especialmente este último) pusieron a cada pieza de equipo en su sitio: transistores y válvulas volvieron a la primera plana de escena guitarrera, y los multi-efectos acabaron relegados posiciones de “equipo de emergencia” o “equipo de viaje”. El que uno usa cuando no tiene más remedio porque su Marshall vintage ha decidido no hablar durante una prueba de sonido, o cuando necesita tocar en casa con unos auriculares para no despertar a la familia.
Sin embargo, las tornas parecen estar cambiando de nuevo. Y lo digital está reclamando un espacio que, seguramente, le pertenece por derecho propio, por el buen trabajo de algunos visionarios del sector y porque los tiempos, el devenir de la historia guitarrera y la de la tecnología son, de alguna forma, imparables. Hasta tal punto, que muchos músicos de primera línea están sustituyendo sus equipos tradicionales analógicos por algunos de los protagonistas de este revivir digital que, para muchos, puede suponer realmente el punto de inflexión entre tecnologías del pasado y las que realmente pervivirán en el futuro.
 
Algunos de los protagonistas
El secreto no es otro que la propia evolución tecnológica y el tesón y la pasión de unos cuantos profesionales de la amplificación digital (¿empezamos a llamarla así de una vez?). Las capacidades de procesamiento actuales no son, ni de lejos, las que estaban disponibles hace 20 años. Si a esto le sumas mentes creativas capaces de llevar la tecnología un pasito más allá para amoldarla a lo que realmente necesita un guitarrista, nos encontramos con productos como los de Fractal Audio. El ya célebre y cada día más extendido Axe-FX, en sus diferentes encarnaciones (Axe-FX XL+ es la última), es ya un estándar de la emulación digital de calidad profesional. Tanto, que artistas de la talla de Metallica, Dweezil Zappa, Bill Kelliher de Mastodon, Dave Mustaine o Larry Mitchell lo han adoptado como su amplificador y procesador de efectos, renunciando completamente – o casi - a equipos analógicos. Otros, como Steve Vai, lo usan desde hace años como su multi-efectos principal, combinado con amplis de válvulas.
 
La magia está en el interior del Axe-FX en forma de componentes de altísima calidad, pero también de un firmware diseñado con mimo, experiencia y maestría por Cliff Chase y su equipo, teniendo siempre dos objetivos en mente: dar al guitarrista todas las herramientas y posibles combinaciones que pueda necesitar y la capacidad de procesamiento pueda permitir, y ofrecer un sonido pero también una sensación al tocar que sea prácticamente indistinguible de la que uno tiene al hacerlo con un amplificador analógico. El firmware, además, se actualiza periódicamente, ofreciendo nuevas emulaciones de amplificadores, nuevas capturas de pantallas de guitarra y nuevos efectos. Y Fractal está actualmente dando el salto a los multi-efectos puros y duros (el FX-8, sin emulaciones de ampli) y las unidades de suelo, como el inminente AX8, que abandona el formato rack para ofrecer una versión compacta procesador-controlador todo en uno.
 
Pero la de Fractal Audio y Chase no es la única opción en el panorama de multi-efectos de alta gama que pueden hacerle olvidar a uno su juramente de “nunca tocaré sin mis válvulas…”. ISP Technologies, por ejemplo, más conocidos por sus puertas de ruido, están entrando también en la liza multi-efectos con unidades tan interesantes como el Theta Pro DSP. Aunque más enfocado a sonidos high-gain, este preamplificador digital ofrece también efectos de alta calidad, presets programables y emulaciones de amplificadores y pantallas de guitarra en una unidad de suelo todo en uno. También T.C Electronics, otro viejo conocido de los pedales de guitarra, tiene sus propios multi-efectos, con el G-System siendo la enseña de la casa. Una unidad que hace, además, de auténtico hub mediante el que combinar equipo analógico con procesadores digitales propios o ajenos, según las necesidades y la capacidad de experimentar de cada uno.     
 
La última incorporación a la cabeza de la carrera digital multi-efecto es la novedad de un clásico de este ámbito: el Helix de Line6. Es también una unidad de suelo, con modelado de amplificadores, diseñada para sustituir todo el equipo que pueda requerir un guitarrista: ampli, pedalera… incluso incluye su propio pedal de expresión integrado. En cuestiones de sonido, además, parece que se trata de un salto cualitativo realmente importante entre lo que venía ofreciendo Line6, muy enfocado tal vez al ámbito casero, y lo que el guitarrista actual dispuesto a pasarse al reverso digital de la amplificación exige. Y no hay que olvidar, por otro lado, el Kemper Profiler, que con sus capacidades para “capturar” amplis reales ha facilitado en buena medida la transición de muchos guitarristas a esto de lo digital.
 
Es imposible predecir el futuro. Y más en un sector como el de la guitarra que cuenta con sus modas y tendencias entre la tradición y la innovación… Demonios, seguimos usando tecnología de hace más de medio siglo, y nos volvemos locos por trozos de madera más viejos que nuestros abuelos. Pero parece claro que lo que la tecnología digital puede lograr hoy en día está tan cerca de lo que tenemos idealizado en nuestra mente y asimilado en nuestras tripas como el sonido de un amplificador, que puede, tal vez solo puede, que el futuro de la amplificación, el cómo serán esos artefactos a los que enchufes nuestra guitarra en el futuro, ya esté realmente aquí.