Septiembre significa, para muchos, la vuelta al cole. Entendiendo “cole” en un sentido muy amplio: final del verano, de las vacaciones, vuelta al trabajo y, sí, claro, vuelta a las aulas. Es, por tanto, un momento estupendo para hacer firme ese eterno propósito de dedicarle más tiempo al estudio de nuestra técnica guitarrera. Por ejemplo, buscando las mejores clases posible de guitarra con las que poder subir un par de niveles en esto de aporrear cuerdas, volar por el mástil y expresarnos con nuestro instrumento.
 
Pero, ¿cuáles son las mejores clases? La respuesta es sencilla: aquellas que más te hagan avanzar, mejor encajen en nuestras cada vez más apretadas agendas – especialmente si uno empieza a pintar canas y cambiar pañales – y, no menos importante, mantengan lo suficiente nuestro interés como para no desistir a las primeras de cambio. ¿Cómo encontrarlas? Eso es otra cuestión. Y aunque aquí no vamos a señalaros en un mapa los sitios concretos a los que acudir, sí vamos a daros unos cuantos consejos para apuntaros en la dirección correcta cuando de elegir las mejores clases de guitarra se trata.
 
¿Buscas un título?
La primera decisión es si lo que buscas con tu educación guitarrera es simplemente mejorar tus aptitudes o empezar una carrera musical. Es decir, si el obtener un título es importante para ti o no. Hay muchos tipos de títulos: desde los de academias o escuelas privadas sin ningún tipo de convalidación oficial que, simplemente, certifican que has realizado una serie de estudios – más o menos largos, más o menos especializados, según el centro -; hasta las carreras oficiales de conservatorio o institutos que se acogen, en España, por ejemplo, a planes como el EEES (Espacio Europeo de Educación Superior) que sí tiene titulaciones oficiales de música moderna.
 
En este sentido, tendrás que decidir si lo que quieres es una carrera de larga duración o algo más inmediato, y buscar una academia que te ofrezca lo que buscas.
 
Profesor particular o escuela
Descartados los títulos, oficiales o privados, muchos guitarristas simplemente necesitan contar con alguien que les enseñe nuevas técnicas, que les ayude a pulir vicios y defectos, mejorar su forma de tocar y ampliar su abanico de recursos. Esto puede lograrse mediante profesores particulares o, de nuevo, acudiendo a una academia. Cada opción tiene sus ventajas y sus inconvenientes: un profesor particular puede ser más cómodo si, por ejemplo, como suele ser bastante habitual, imparte sus clases a domicilio. También contarás probablemente con una dedicación absoluta durante las mismas, ya que lo normal es que este tipo de instrucción sea de tú a tú, en lugar de en grupos. Y, salvando casos concretos, un profesor particular suele ser también más barato.
 
Las academias pueden ofrecer más flexibilidad de horarios, tal vez con opción de elegir diferentes sesiones según te convenga más en cada momento. Y aunque lo normal es que las clases resulten más caras que con un profesor particular, también es cierto que ofrecen servicios extra y una atmósfera de estudio, colegueo y colaboración musical que puede ser muy estimulante. Además de contar con un staff que te puede asegurar, simplemente, que en caso de enfermedad tus clases pueden seguir su marcha con un docente sustituto.
 
Conoce al profesor
Si te decides por la búsqueda de un profesor particular, nuestro principal consejo es que te tomes el tiempo, una o quizás dos entrevistas o conversaciones, para conocerle. No se trata simplemente de que el precio que te ofrece sea ajustado, que tenga renombre o que te resulte simpático de buenas a primeras. Necesitas saber en qué géneros se desenvuelve mejor, qué metodología de trabajo usa y, en definitiva, cuánto interés realmente tiene en enseñar. En enseñarte. No hay nada peor que un profesor, particular o no, que te suelta una partitura para que aprendas un tema o un ejercicio y simplemente echa una miradita para decir: “no, así no, mira, se hace así.” Necesita alguien con quien puedas desarrollar cierta química, que sepa cómo se enseña y que quiera realmente ayudarte a mejorar.
 
Conoce la escuela: instalaciones, estilos de música...
Si tu opción es, sin embargo, la escuela o academia de música, tómate también tu tiempo para conocer sus instalaciones y cómo funciona. Visítala en un par de ocasiones, echa un ojo a los espacios, intenta captar el ambiente y atmósfera que se respira, qué comentan los alumnos. Intenta poder asistir de oyente a una clase, si es posible, simplemente para ver cómo se desarrollan, qué método siguen, cuánto tocan los alumnos y cuánto el profesor, etc.
 
Por supuesto, entérate bien de qué estilos de música suelen tratar. Esto es especialmente importante cuando se trata de música moderna. Porque puede que, sin darte cuenta, acabes en una escuela de jazz, cuando lo que tú quieres es aprender a tocar rock. Lo que no quiere decir que aprender jazz sea malo, ni mucho menos, o que no pudiera resultarte útil y beneficioso siendo un guitarrista de blues o rock, por ejemplo. Pero probablemente sea mejor no empezar la casa por el tejado…
 
Cantidad de alumnos por clase
Esto es importante. ¿Vas a tener que compartir profesor con un par de alumnos más, o con varios pares? Esto dicta mucho cuánta atención puedes recibir del docente por clase, cuántas veces podrás repetir ejercicios, figuras o técnicas bajo la mirada de éste para que pueda corregirte, y cómo de ágiles pueden fluir, o no, las clases.
 
¿La escuela tiene guitarras?
Entérate bien de si la escuela a la que vas a apuntarte exige que lleves tu propio instrumento a las clases, o tienen allí guitarras disponibles para los alumnos. En algunos centros, cada aula dispone de diferentes instrumentos que el alumno puede usar. Lo cual no solo resulta cómodo a la hora de ir a clase (especialmente si uno tiene que hacerlo directamente desde el trabajo o el instituto), sino que permite probar en profundidad guitarras que, de otro modo, seguramente no podrías catar.
 
Banda, jams y actuaciones
Otro de los alicientes de una escuela es que muchas suelen incorporar actividades extra a las propias clases. Algunas tienen bandas propias, en las que los alumnos pueden tocar, organizan su propio ciclo de actuaciones, o montan jams periódicamente en las que los alumnos pueden probar en primera persona, muchas veces por primera vez, cómo es eso de subirse a un escenario para tocar con una banda en directo. Este tipo de actividades paralelas son realmente atractivas cuando uno está aprendiendo, y no siempre deberíamos considerarlas una cuestión secundaria.